LARS Las palabras se me escaparon antes de que me diera tiempo a filtrarlas o pintarlas de otro tono. Pero, por una parte, era mejor así, decir las cosas directamente y sin mentiras. Las odiaba. —Fue un encuentro que no tuvo ningún significado para mí— aclaré al verla sin articular y rompiendo su mirada en mí. —¿Lo haces para castigarme? — dijo hurgando en mi mirada. —No. —Realmente puedes llegar a ser ese hijo de puta que se acuesta con una y mañana con otra, sin importarle las consecuencias. Sin pensar en los demás. —Martina— soné duro. —Creo que ahora estamos en paz, ¿no? —¿Qué quieres decir? —Que hice lo mismo contigo hace más de dos años. Me la devolviste. —No, claro que no lo hice a posta. —Ya. No me atrevía a pensar en ello porque no fue así. Al menos no a conciencia. —

