Capítulo II

1107 Palabras
Llevaba los audífonos puestos reproduciendo mi lista de canciones favoritas, me encontraba sola en casa, puesto que mi madre había salido al trabajo que tiene como enfermera en el hospital del pequeño pueblo. Tomé un libro del estante de la biblioteca personal de mi progenitora, estaba concentrada leyendo las páginas de este con detalle, principalmente en la parte donde hablaban sobre las runas de protecciones antiguas. Me acomode en posición de flor de loto siguiendo con exactitud las indicaciones escritas, soltando un suspiro profundo de los labios, para empezar a pronunciar las palabras que tenía el libro en latín antiguo, haciendo aparecer unos símbolos extraños sobre la madera del suelo, que sin darme cuenta emitió un sonido un tanto peculiar. Estos emitieron en una tonalidad azul índico, sonreí al ver el gran logró que he realizado, después de haber intentado aquel ritual más de una vez en mi vida, pero pensé que la "magia" era esa que solo aparece en las películas, porque en la vida real es realmente diferente. Aunque siempre fui bastante diferente a los demás desde que nací, poseía "habilidades" especiales. Colocando mis manos en el núcleo central de mi ser, precisamente donde esta ubicado el corazón. De repente y sin previo aviso mis extremidades comenzaron a emitir ese brillo del mismo tono que los símbolos trazados en el piso, era evidente que todo este tiempo mi madre ha evitado de una y mil manera en que no me diera cuenta del gran potencial que corre por mis venas, después de todo ella misma me dice que no soy igual a los demás chicos de mi edad, siendo mas que evidente dado que ayer mismo lo comprobé. En mi mente aún persiste la imagen de aquel misterioso chico. No obstante, empecé a moldear un accesorio para la cadena que vacía que tenía colgada en mi cuello, después de todo si soy tan especial como lo ha dicho mi progenitora, esto sería pan comido. El amuleto que plantee en mi cabeza era de unas alas con un leve centro rojo. Primero debía imaginar cada detalle perfecto para poder trazarlo con mi propia energía, así es como indicaba el procedimiento en ese libro. Pensé que no se me iba a dar como las veces anteriores, pero un leve calor en las palmas de mis manos me confirmó. Todo había salido muy bien tanto que me sorprendía a mí misma, porque realmente no siempre se puede a la primera, más con en el hecho que soy una principiante y las pocas cosas de alquimias que conozco las he leído a escondidas de mi madre cuando esta trabaja. ―¿Ahora, haces brujería?―Escuché una voz, mi corazón se me iba a salir del pecho al escuchar aquella voz en la misma habitación que me encontraba, levante la mirada sobre el escritorio yacía sentado el chico que me había encontrado ayer en el bosque, en su rostro se podía ver una sonrisa divertida. —¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —Le pregunte asustada, recordaba que la casa tenía ciertos conjuros de protección para que nadie pudiera entrar así por así, pero veo que me equivoque porque tenía a alguien conmigo. Obtuve como respuesta una carcajada por parte de él, acción que me hizo fruncir el ceño, guarde rápidamente lo que había creado hace un momento en mi bolsillo, dirigiéndome hacía el pelinegro, esté de inmediato se puso en alerta bajándose del escritorio de un salto, sacando de su bolsillo un objeto. —No lo sé, estaba en el lugar especial entrenando cuando una esfera de energía blanca me guió hasta fuera de esta casa y luego un señor con ropa de gladiador muy parecida... —Se quedó callado acercándose a un cuadro que tenía en la pared-Ha este... Abrí como platos los ojos al escuchar las palabras del chico, mas al observar lo que señalaba, puesto que había visto él, supuestamente al arcángel "Uriel" alguien que mi madre cada vez que habla conmigo de su padre lo describa físicamente exacto a él, aunque sé que solo son ¿creencias mortales?... O ¿podría ser el verdadero padre de mi madre?, después de las cosas que hice anoche tenía mas dudas que respuestas en mi cabeza, mi madre tenía que darme una buena explicación de las cosas que están empezando a pasar a mi alrededor. —¡Estás loco de verdad, chico!—Exclamé exaltada, soltando un suspiro profundo tratando la manera de relajarme un poco, observando a detalle el gesto que el chico tenía en el rostro era de molestia total. —Solo te explicaba lo que paso, pero veo que soy un loco para ti—comentó, entre gruñidos apretando ligeramente los puños. Baje la mirada al suelo apenada por mi extraña manera de tratarlo hace un momento, él tenía razón por actuar así, cada vez que estaba con él mi collar empezaba a quemarme el cuello, pero por alguna razón al verlo que se empezaba a preparar para desaparecer entre las sombras lo detuve. ―Lo lamento, es solo que...¡Ah!... —Susurré, sujetándolo del brazo derecho puesto que me había dado la espalda, este solo me miró por encima del hombro, él era unos centímetros más alto que yo. —Aprende a pensar ante de decir las cosas... —Habló, mientras se soltaba de mi agarro de manera brusca, desapareciendo entre las sombras. Suspiré profundo manteniendo la mirada baja, me había vuelto a quedar sola en toda la casa una vez más, tenía millones y millones de preguntas que hacer, pero si se las hago a mi madre solo iba a obtener era un "ve a rezar". Saque el pequeño talismán que había creado un rato, me dejé caer en el piso de madera, dejando escapar otro suspiro, sin embargo una cosa me empezó a sonar en la cabeza, él había dicho que estaba en el lugar especial eso quiere decir que él es un ser diferente como mi persona... —Puedo darme cuenta que no has tenido un día muy bueno... ¿Verdad?... —Habló, alguien desde el marco de la puerta de la habitación. Voltee con acción de reflejo al hombre que acaba de aparecer antes mis ojos, estaba segura que si seguían apareciendo así me iba a dar un ataque al corazón, no obstante al percatarme bien de quien se trataba y más aun al observar la gran sonrisa tan fraternal que tenía en sus labios, me relajo por completo, haciéndome olvidar de lo sucedido hace un momento atrás. —¡Te extrañe mucho, señor de ojos color mar!...—Exclame con alegría en cada palabra. Continuará...
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