CAPITULO 4

818 Palabras
-No, no estais muerta- responde en un perfecto español, mi corazón empieza a latir de prisa. Mi sueño mojado esta frente a mí, después de un año tras sus paso ahora está allí preguntándome si no me rompí un hueso- puedes moverte- asiento, el extiende su mano para ayudarme a levantarme, yo sin dudarlo dos veces, he incapaz de hablar la tomo sin titubear. Esa extraña y placentera corriente tras pasa cada parte de mi cuerpo, por lo que siento como Mike se tensa y me suelta la mano de prisa. Frunzo el ceño pero trato de mantener la compostura, no podía actuar como una paranoica loca, tampoco podía saber que soy su mayor fan, quizás huiría de mí, le sonrió de lado- disculpa por atro… atropellarte- vuelve hablar nervioso, llamando aún más mi atención, por un par de segundo me dejo embaucar por esa acaramelada mirada, que por años se convirtieron en mi mayor fascinación.   -No, no te preocupes, los accidentes pasan- asiento frenética, él sonríe de lado, despertando en mi con ese acto los latidos frenéticos de mi corazón, si no dejo de mirarlo es capaz y me da un paro cardiaco.  Y sin duda alguna supe que está perdida y malditamente enamorada de él, ahora que lo tengo frente a mí, está más que claro de la realidad.   -Pues sí, bueno yo me tengo que… ¡CUIDADO!- grita,  él me toma del brazo apegándome con brusquedad a su cuerpo, salvándome de una manada de bicicleteros. Mi pecho choca contra el suyo, y aquel delicioso aroma a canela y frutas llega a mi fosas nasales, por un segundo creí que volvería a desmallarme. Muerdo mi labio cuando sus ojos y los míos se encontraron, y solo por un par de segundo llegue a reconocer ese pequeño destello de deseo en su mirada. ¡Bueno quizás era mi imaginación, No!   Relamo mis labios, y bajo la vista ante aquellos gruesos y apetitosos tumultos que tiene como boca, ¡Santa diosa de las cirugías, como deseo besas esos labios gruesos y apetecibles!   Hasta que alguien se aclara la voz y rompe toda las ilusiones, ambos volteamos y vemos como Nani sonríe nerviosa.   -Usted no es Piero Bubbini…- dice ella con una sonrisa brillante, el hombre me suelta, y yo doy cuatro pasos atrás “Maldicione”.   -Sí, si…- responde incómodo. Nani me mira y hace una seña con sus ojos, yo hago una cara de que “coño quieres”, hasta que ella señala mi bolso y hace una simulación de firma. Es cuando capto que tengo que pedirme un autógrafo,  pero cuando volteo él ya se ha marchado en su bicicleta.   -¡A la mierda!- suelto un suspiro frustrada, perdí mi oportunidad de que me firmara su foto, tomo la bici y me subo a ella, ni siquiera me importo el dolor de espalda. Miro mal a Nani quien sonríe histérica.   -¡Que!...   -Me las pagaras lo juro- sentencio, empiezo a pedalear para ir a trabajar.       Hago algunas ediciones y luego las guardo en la lacto, me levanto para llevar las copias a Gabriel mi jefe, cuando llego a su despacho me sorprendo a sobremanera verlo con alguien, el al verme me sonríe.   -Señorita Fernadez que bueno que vino con usted quería hablar- arqueo una ceja.   -Para que soy buena- digo con el apellido revuelto, hoy desde que llegue con media hora de retraso y peor aún, perdí la oportunidad de que mi ídolo firmara su foto. Pero bueno que se puede hacer, tengo la mala suerte pegada a mi cogote. Pd: para aquellas que no saben que es un cogote, pues es el cuello, pero es una manera ordinaria de decir. Coloco las fotografías en el escritorio, sin mirar al hombre alto que está sentado frente a mi jefe, retrocedo cinco paso y no dejo de mirar a Gabriel que sonríe más de lo normal.   -Señor Bubbini, ella Edymar Fernadez, es una excelente editora, y su compañera de trabajo es una de las mejores fotógrafas que puede existir.   No me muevo, no muevo ni un puto musculo de mi cuerpo, trato de controlar mis ansias de voltearme para mirarlo pero ash, las ansias de hacerlo me carcomen el alma.   Hasta que me decido voltearme para verlo- Señorita Fernandez, ya debe de conocer al señor Piero Bibbini, de seguro debe haberlo visto en las películas, como 36…   -Si, por supuesto, fue y es la polémica de las r************* - responde nerviosa, mis ojos están fijos en aquellos caramelos que no han dejado de mirarme con cierto brillo. El nombrado extiende su mano.   -Mucho gusto en conocerla señorita Fernadez- yo vuelvo a tomar por segunda vez su mano, y de nuevo esa corriente nos envolvió en lo más profundo de aquella ráfaga de placer. Tomo todo de mí no cerrar mis ojos y gemir como desquiciada. ¡Santo Dioses de la buena fuerza divina, desde cuando me diste tanta suerte!   “Imagina el honor que se debe sentir, que un escritor se enamore de ti, y escriba de ti como si fueras lo más bello de su mundo”  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR