Una brillante armadura para mi corazón roto, un corazón que no quiere amar más. Está cansado, camina por la calle sangrando, importándole muy poco si le duele o no la herida que se abrió. Arrugo la nariz por el cosquilleo de algo suave. Entre abro mis ojos, adaptándome un poco a la luz que se filtra por el ventanal, vuelvo a cerrar mis ojos fastidiada por la molesta luz del día. El cosquilleo de algo suave pasa por mi nariz nuevamente, arrugo una vez más mi nariz y paso mis manos por ella rascándome por el suave picor que dejo. Una risa ronca se hace escuchar. Relamo mis labios y una vez más abro mis ojos, pero esta vez me volteo hacia un lado para ver al causante de mis desvelos. Una sonrisa preciosa adornaba su rostro, sus ojos caramelos más claros por la insipiente luz del sol,

