Me quedo mirándolo, no puedo dejar de hacerlo… es tan perfecto y cautivador. Su rostro perfilado, con una mandíbula fuerte, una nariz perfilada, unas cejas gruesas, y esos labios, oh Dios esos labios gruesos y provocadores. No me importaría quedarme todo el día mirándolo, viéndolo dormir tan pasivamente, admirando y gravando cada detalle de su cuerpo. Es tan hermoso, como un Dios Romano, incluso hasta mejor que un Dios romano. -Seguirás viéndome todo el día de esa manera- murmura con la voz ronca por la falta de uso, sus ojos están cerrados aun. -Como te has dado de cuenta- pregunto con una sonrisa apenada. -Tu mirada es tan intensa que hasta puedo sentirla- abre sus ojos hinchado de dormir, se remueve entre las sabanas, pasa sus manos por los ojos y los achica por la luz

