Los días corrían uno detrás del otro, y cuando Aaron menos se lo esperaba, cuando menos estaba preparado había llegado el día en que Amanda partiría a un nuevo destino de su vida del que seguramente jamás volvería a verla. Había estado recibiendo mensajes constantes de Nathan durante toda la semana recordándole que al menos debía tener el valor de ir a despedirse y no dejarla ir con una carga mental de la que ella creía haberse dejado atrás cuando realmente aun la empacaba en las sus maletas. Aaron se encontraba en el taller en su hora de descanso para almorzar mirando su celular con nervios de que alguien fuese a llamar o que lo buscasen personalmente. —Esa terrible expresión ya es costumbre tuya —le dice el jefe. Venía caminando desde su oficina con la taza de su almuerzo y una extra pa

