Elizabeth había salido con rapidez de la empresa. Sentía que su mundo se derrumbaba. ¿Es que no podía confiar en nadie? ¿Es que todos en algún punto le darían la espalda y la traicionarían? Y mientras caminaba por las puertas de su empresa rumbo a la salida dos personas conocidas la recibieron con miradas felices —¡Estas aquí!— soltó Jhosias con ojos brillantes — nos alegra verte. Sabemos lo de tu hijo. De hecho, veníamos a verte a ti para pedir tu permiso y conocerlo. Estamos felices de poder ser tíos Lo directo del comentario había sido tan desconcertante que incluso se le había olvidado porque venia caminando de esta manera y hacia donde iba —¿que? Cardan se aclaró la garganta y dio un paso hacia adelante mientras le indicaba a Jhosias que había sido demasiado —perdónalo. A veces

