Todo encuentro fue en un aeropuerto, allí donde se hacían las más tristes despedidas, pero también las más felices bienvenidas, y todos habían concordado en que regresarían. Claramente no volvieron juntos como una familia feliz. Pero al finalizar la semana todos habían pisado de nuevo la ciudad de Nueva York. Y Sebastián pudo conocer por primera vez a sus abuelos, y pudo pisar la mansión de su familia. La mansión de los Harris era grande, lo mas grande que el pequeño había visto alguna vez. Elizabeth no quería ser abrupta con el cambio, pero su hijo debía ver quien era, en que cuna había nacido, y las cosas que lo rodeaban desde ahora iban a maravillarlo. No quería hablar de responsabilidades para con su empresa, apenas era un niño. No era el momento, ni lo seria por un largo tiempo. Que

