Capítulo 6

1319 Palabras
Ivette.   El director camina por la oficina estresado. Barbara tiene el rostro con moretones y un ojo sin poder abrir. En resumidas cuentas está irreconocible. No voy a mentir al decir que no disfrute darle su merecido, pero ahora la situación se vuelve en mi contra. —Merecen un castigo— se burla el profesor Kael. Si el maldito no me hubiese quitado de Barbara, ya estaría muerta. —¿Por qué habla en plural?— lo mira la rubia—, es obvio quien es inocente aquí. Mi rostro luce horrible… Ahora, ¿cómo voy a complacer a mi amado director? Sabe actuar como víctima en el momento justo. De todas las perras de mierda, tuvo que tocarme como enemiga la amante del director. ¡Genial! Su amo se acerca y limpia la sangre que le emerge de la pequeña nariz. Ella lloriquea apenas la toca. —Profesor Evans, encárguese de castigar adecuadamente a la pecadora. Sus manos se atrevieron a tocar a mi bella Barbie, merece un castigo por ello. Trago saliva buscando al profesor Kael Evans. Sus ojos se ven igual que aquella vez cuando nos castigó a todo el salón por mi culpa. Tiene la misma sonrisa, y es que el profesor de culo espectacular es un hijo de… —Cuente con ello, director— me arrastra hacia afuera como si fuera nada. Estudio su admirable trasero y me pregunto qué se sentirá tocarlos, apretujarlos y morderlos a como de lugar. —Deja de mirar mi culo— no se voltea del todo cuando me pilla admirando la forma de su trasero. Pasamos de salón en salón y me empuja dentro de uno poniendo seguro a la puerta, su castigo debe ser cometido sin interrupciones, supongo. ¿Debería estar temblando o sentirme acalorada? Ya ni sé. Es un hombre con un culo espectacular, imaginar su polla es otro pensamiento dulce y perturbador que no va a permitirme dormir. —¿Va a castigarme?— pregunto cerrando la boca que mantuve abierta todo este tiempo. —Por supuesto, es mi deber— pone una hebra de mi cabello detrás de mi oreja. Su aliento fresco golpea mi rostro, su cercanía convierte mis piernas en gelatina mientras que mi corazón galopea sobre mi pecho a punto de salirme por la boca. Es tanta la tensión que se forma en tanto pasea su vista desde mis labios hasta mi pecho. No hay mucho por ver con la tela que oculta mi piel, aunque sus orbes oscuros me incitan a enseñarle un poco. —¿Hay alguna manera de evadir el castigo?— separo nuestros cuerpos para sentarme en el escritorio detrás de mí, sus orbes me siguen en cada movimiento y eso solo me motiva más. Avanza procurando mantener un espacio entre los dos, es alto y corpulento, cualquiera se reiría si le dijeran su profesión, parece un modelo y no un profesor de Psicología. Abro mis piernas sobre la mesa enseñando el color de mi braga, contengo la respiración cuando su mirada se estaciona en ese lugar. Las mejillas me arden al momento de rozar su mano en mis muslos. Su lejanía se volvió nula, no hay espacio que nos separe... Me prendo por sus hombros abierta de piernas, quiero que me toque, que se refriegue sobre mí y me castigue hasta hacerme gritar. Definitivamente estoy loca, pero tampoco voy a mentir diciendo ser una santa paloma. Nunca lo fui ni pretendo serlo. —¿Quieres que te castigue?— sus manos traviesas bajan a mi falda y pasa el pulgar sobre la tela fina que cubre mi sexo. Asiento dejando escapar un suspiro. Desliza con cuidado mi braga sobre las piernas y las hace a un lado. Nada mas cubre mi sexo, entonces procede en acariciar el punto rojo obligándome a echar la cabeza hacia atrás, sus dedos se mueven de a poco en mi interior sin apartarme los ojos. La destreza de sus dedos me desespera, contoneo mi pelvis para sentirlos con mas profundidad, entiende el pedido y va moviéndolos como deseo. Una corriente se hace presente al recorrer mis paredes, su nariz roza mi cuello y su corazón palpita igual de rápido. Le gusta verme morder los labios, jadear y enterrar mis uñas en sus hombros. Sus dedos hacen magia, siento que estoy a punto de estallar, de correrme en su mano y es por ello que busco sus labios con tal de besarlo, pero el movimiento queda a medias al ser rechazada sin contemplaciones. Saca sus dedos de mi interior y se aleja. Entre sus piernas sobresale la erección causada debido a mí. Estuve a punto de correrme si no fuera por el egoísta de mierda que por un misero beso arruinó el momento. De hecho, ni siquiera llegue a besarlo. —Quitate la ropa y camina por todo Internado— demanda lamiendo los dedos anteriormente metidos en mi coño. —¿Desnuda? Estas bromeando, ¿verdad?— se mantiene firme con la expresión dura. —¿Me ves bromeando? Agradece que no es nada a comparación de como has dejado a Barbara Klinton. —Pero yo iba a... —¿Qué?— sonríe burlón— Desde mi punto de vista, la única disfrutando la follada de mis dedos eras tú. ¡Mentiroso! Su respiración era igual de agitada, sus orbes se oscurecieron al tiempo que su corazón galopaba a gran velocidad, a otra con sus mentiras que sé muy bien el gusto que sentía al tenerme suspirando. —Debe haber otra solución... —No la hay— responde tajante. Me toca obedecer, este malnacido no tiene piedad y no la tendrá. Me saco el vestido, la única prenda que me queda es el brasier. —¿Así o también quieres que vean mis tetas? —No es mala idea, de hecho. —¿Sabes? Fui castigada injustamente, la chienne es quien armó un plan horrible, ella no se lamenta, no siente empatía— le cuento abriendo la puerta—. Hasta me atrevo a pensar que ustedes son cucarachas a comparación de ella. —A mi no me interesa su problemas— me corta la explicación, lanza mi braga y la atrapo—. Ponte eso, no quiero escuchar tus lamentos. Lo hago percibiendo sus ojos atentos a los movimientos de mis piernas.  Desea saborearme tanto como yo a él, estoy segura. —Es una pena recibir un castigo tan aburrido— avanzo hacia la puerta esperando que me detenga, no sucede, por ende la travieso furiosa. Tengo frío, estoy desnuda en un internado de locos ¡y el maldito de culo espectacular me castiga de la peor manera! Calma Ivette, calma. Soy fuerte y aún me quedan fichas por mover. Nadie podrá derrumbarme. Estoy preparada para la venganza de Barbara, el director y los secuaces de la rubia. Camino contoneando mis caderas entre las personas con confianza y mentón en alto. Por mucho que lo intenten, hay algo que jamás van a arrebatarme y eso es la confianza. Todos se asombran cuando paso frente a ellos y es entendible, tengo un cuerpo de infarto, un tatuaje en toda la espalda la cual deja a más de uno boquiabierto y la certeza de mi belleza. Se piensan que es el peor castigo, pero nadie está consciente de sus errores. Esto me ayuda en vez de dañarme. Pobre de ellos, pobre de todos los que intenten meterse en mi camino. Todavía no conocen a la verdadera Ivette Hagens. Ania me mira a lo lejos, le guiño el ojo y se asombra. De seguro esperaba verme avergonzada. Joep ladea la cabeza sonriendo por primera vez desde que lo conocí.  Diviso a lo lejos a la profesora de fetiches extraños conversando con Patrick. Apenas me reparan tosen. Vamos a por lo mío... Me acerco a la persona escogida, si voy a caer, caerá conmigo. No queda espacio que nos separe y entonces...     .
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