Unas cuantas horas después. Ya en casa Karen caminó hacia la sala con la billetera en la mano. El peso del objeto la inquietaba. Al abrirla, no tardó en confirmar lo que ya sabía: pertenecía al grupo de inteligencia policial antinarcóticos. Aquel hallazgo desató una serie de alarmas en su mente. Joel no solo era su amante… era mucho más peligroso de lo que imaginaba. —¿Qué haces, nena? Te estoy esperando —preguntó Joel desde el baño, su voz grave y segura. El susto fue tal que Karen gritó, dejando caer la billetera. Luego improvisó: —¡Ay! Me asustaste... ya voy. Sin pensarlo mucho, escondió la billetera en un jarrón antiguo que adornaba la sala. No sabía si debía contarle lo que había encontrado. Algo dentro de ella decía que no. Caminó hacia el baño, donde Joel la esperaba. Horas des

