La lluvia golpeaba techos y ventanas con furia. El invierno había llegado con fuerza, cubriendo el cielo de nubes grises atravesadas por relámpagos. Como los cielos, Karen y sus pensamientos también estaban cargados. ¿Dónde estaría Joel? ¿Por qué no había vuelto aún? Dos semanas sin una sola noticia, y el vacío se hacía insoportable. Caminaba descalza por la casa, ignorando el frío. Observó el reloj. Era pasada la medianoche cuando el sonido de su teléfono la sacó de sus pensamientos. Al ver el número, una arcada le subió por la garganta. Corrió hacia la papelera de la cocina y vomitó la escasa comida que había logrado tragar el día anterior. Luego contestó, temblorosa. —¿Doc? ¿Dónde está Joel? Se dejó caer, sentada en el suelo, mientras pensaba: ¿Por qué me llamas tú y no él? —Hola, T

