Entre Miles y Tammy se fueron turnando durante la noche para vigilar a la joven.
No sabía qué hora eran pero en un momento Nico se levantó para ir al baño y pasó por la habitación donde la jovencita estaba aún delirando por la fiebre y Tammy se había quedado dormida sentada en la silla al lado vigilandola.
Entró al dormitorio y con la mano la sacudió un poco.
— ¿Qué pasó ? — Tammy se sobresaltó.
—Anda vete, yo la veré un rato.
— ¿Estás seguro ?— ella lo miró con desconfianza.
—Sí ve, yo velaré un rato por ella así tú puedes descansar. — él sabía que ella creía que él era un hijo de puta sin corazón pero si había una persona a quien él le tenía cariño en el mundo era a Tammy. — Ve y descansa —ella , agotada, asintió finalmente con la cabeza y salió de la habitación.
La joven se agitaba en la cama y murmuraba palabras sin sentido, era por su fiebre . El tocó su frente y sintió que estaba ardiendo mucho más que antes ,cuando la habían llevado desde afuera hacia adentro.
El intentó tomarle la temperatura con el termómetro para la chica se movía tanto en la cama que le resultaba prácticamente imposible... finalmente pudo, tenía casi 42 grados de fiebre... en ese estado la joven no duraría mucho. Se moriría y terminaría siendo efectivamente un problema mayúsculo.
Muy a su pesar la tomó en sus brazos y nuevamente se volvió a dar cuenta de lo delgada y delicada que era. La única forma de bajar la fiebre cuando era tan alta era con agua helada, no había otra opción. Debía llevarla al baño para mojarla.
Entró con la joven al enorme baño de la planta alta . Intentó soltarla y no pudo, pues se aferraba como si fuera su tabla de salvavidas.
— ¡Papá no me dejes, no me dejes por favor!— gritaba ella.
— Tranquila— le dijo él— tranquila ...aquí estoy— ella se aferraba fuerte a su cuello.
Decidió llenar la tina grande con hidromasaje, que estaba al fondo del baño, con agua bastante fría casi helada y cuando casi se llenó, él intentó meterla pero ella se aferraba a él y no quería soltarse.
— MALDICIÓN — exclamó él.
La temperatura del cuerpo de la niña, que estaba ardiendo, lo atravesaba.
Finalmente decidió meterse con la joven ,vestido con su pantalón pijama, en el agua helada . Esta lo agarró más fuerte del cuello y empezó a temblar y castañear los dientes luchando contra el agua fría.
—...es para hacerte bien— le dijo Nico mientras le mojaba la frente y la cabeza, con el agua de la tina.
En ese momento ella abrió los ojos y lo miró directo a los suyos:
—¡ No me dejes por favor!— le dijo suplicante mientras lo apretaba contra su cuerpo apenas cubierto.
Nico en su vida había visto unos ojos tan azules y profundos como esos... su mirada lo paralizó.
A medida que la fiebre iba menguando él empezó a notar que al mojarse el camisón de la joven, debajo estaba desnuda y se transparentaba todo su cuerpo... contra su voluntad se excitó.
" Que inoportuno su cuerpo de reaccionar en ese momento" pensó él que se sintió como un degenerado por ponerse así con una pequeña jovencita que tendría unos 15 o 16 años.
Claro, en ese momento él no sabía que tenía 18 en realidad.
Ella que había vuelto a cerrar los ojos, nuevamente los abrió y le acarició el rostro con ternura.
—Te amo— le dijo.
Él sabía que esas palabras seguramente se las estaría diciendo a su padre en su delirio pero aún así no pudo evitar sentir que un escalofrío lo recorría y no tenía nada que ver con el agua helada.
Por lo menos, con el 'efecto frío', su deseo por la jovencita 'habia bajado'.
Una vez que sintió que el cuerpo de la pequeña empezó a recuperar su temperatura normal, salió con ella desvanecida y la apoyó en el suelo de mármol. No tuvo otra opción que desnudarla porque no la podía dejar con la ropa húmeda. Y debía secarla con el toallón.
Se dió cuenta de que a pesar de tener un cuerpo pequeño era hermoso, como el de una sirena delgada y estilizada de pechos pequeños, su pubis sin pelo lo cual le pareció extraño. No era tan joven para no tener vello, no era lampiña ya que lo tenía en otras partes del cuerpo...¿ acaso se lo había quitado?.
Tomó una bata de toalla y a su vez él también se sacó la ropa húmeda y se puso otra bata de toalla. Luego la volvió a levantar en brazos.
Para ese momento ella estaba cómo dormida y la llevó nuevamente al dormitorio. Ella se volvió a aferrar fuertemente a su cuello como si no lo quisiera soltar jamás.
Tal fue así que no la pudo dejar sola en la cama y se tuvo que acostar con ella.
Así los encontró el otro día Tammy.
Los dos durmiendo con batas de baño, la joven descansando plácidamente sobre el pecho de Nico.