El FBI había llegado a la casa Rosseto hacía un rato. Ema y Nico miraba como daban vuelta su casa desde un costado. Ella apenas podía contener los sollozos en brazos de su esposo, quería gritar del dolor que sentía y le nacía de lo más profundo de sus entrañas. Salir al parque, donde siempre jugaban con su pequeña y solo gritar de dolor como un animal herido hasta quedarse sin voz. Los del FBI estaban poniendo micrófonos en los teléfonos de la casa e iban a dejar un hombre fuera de consigna policial, solo por si acaso. Esperaban recibir una llamada pidiendo rescate...algo que jamás iba a ocurrir... El agente a cargo del operativo era un hombre atractivo. De unos 33 años, cabello color arena y ojos verdes, 1.85 y cuerpo atlético. Miraba a Ema con una sonrisa tranquilizadora, para molesti

