Se despertó con una sensación agradable de humedad entre las piernas. Ema lo estaba montando. —¡Oh si si! dame todo papi como me gusta... si asiiii... En ese momento entre el sueño y la vigilia dónde, como en una computadora que está actualizando, uno aún uno no ha caído en la cuenta del despertar a un nuevo día, Nico comenzó a succionar los pezones y beber su leche casi automáticamente cuando puso sus pechos en su boca. —Toma mi leche que yo me quedo con la tuya papi— dijo ella con voz ronca. Le costó un minuto recordarlo todo pero ya era tarde. Ema había eyaculado, y su cuerpo que no entendía de razones cuando ella estaba cerca, lo hizo también. Luego, ya con Ema satisfecha recostada en su pecho, ella le dijo, —Tu rechazo me duele. No vuelvas a hacerlo. Creo que me he ganado el der

