Ema estaba trabajando en la fábrica. Nico quería que ella asumiera más responsabilidades y ella de alguna manera era feliz allí. Se sentía más cerca de su padre Carl. Cuando Nico le dijo que ocupara la oficina que había pertenecido a Nicholas Rosseto, se sorprendió al descubrir que su dibujo, el que había hecho de pequeña, aún estaba allí. Aún así se tomaba sus tiempos para compartir espacios con Gema. Ella quería estar presente en la vida de su hija. Así que ese día la fue a buscar al kinder. Su hija se puso tan feliz al verla. Era una pequeña de casi cuatro años ya. Tenía rizos rubios que Ema no sabía de dónde había sacado, y los ojos azules de Ema. — ¡Mami!!! — le dijo sonriente cuando Ema la atajó en sus brazos. Era una niña feliz, a la que nunca le faltaría nada y eso llenaba el

