Ema estaba en la habitación de su pequeña. Le habían dado el alta hacia un par de días. Tenía abrazado al oso. Y las lágrimas caían por sus mejillas. — Amorrr...deja de torturarte así...— Nico la había estado buscando, había llegado hacía un momento. Se acercó y la abrazó por la espalda. Ella se dió vuelta en sus brazos y el la envolvió. — Si no hubiera atendido esa llamada...— la voz de Ema se quebró. Él acarició su cabello. — Basta, deja de repetir eso... — le suplicó él. — Ya pasaron más de 72 horas... — dijo ella con la voz en un hilo. Todos sabían que las 48 horas primeras eran cruciales en esos casos. — El teniente Patton, me llamó, ya está el FBI, la van a encontrar...— trató de convencerla y convencerse. Pensar que nunca habían buscado tener a la niña y ahora la vida sin ella

