Amelia subió de nuevo a su apartamento, tomó las llaves, el bolso, y el primer abrigo que encontró. Al salir a la calle, detuvo un taxi y le dio la dirección de Zack. Se sentó en el asiento trasero deseando poder ir más rápido. No podía dejar pasar las horas sin arreglar esto. Encima, tenía un ave de rapiña rondando a su novio, alguien que podía, sin pensárselo dos veces, hacerles mucho daño. Cuando llegó al edificio empezó a lloviznar, y ella no había traído un paraguas consigo; introdujo la llave, pero esta no entró siquiera. ¿Qué había pasado? ¿Habían cambiado la cerradura? ¡¡Ahora no podía entrar!! El edificio de Zack no tenía un lobby, ni un conserje, ni siquiera un espacio afuera donde guarecerse, sólo una línea de timbres con el número de cada apartamento, así que timbró. Pero el

