Leila ¡Me vio! ¡Me vio! Santo Dios bendito, los santos, la virgen, las hadas, los vivos, los muertos. ¡No, ellos no! Ellos me quemarían viva. ¡Por Dios, me ha visto! Ahora, ¿qué hago? ¿Por qué no puedo dejar de meterme en problemas, aunque sea una sola vez en la vida? No es tan difícil. -¡Leila, vamos! -dijo Raúl tomando mi mano y arrastrándome hacia el otro lado de la puerta. -Me vio, Raúl. Él, el anciano, me vio. -Mm, no creo. Si hubiera sido así, en estos momentos estaríamos siendo objeto de su ira y castigo. -No miento, me vio. Tal vez no hizo nada porque me conoce. -¿¡Qué!? ¿Cómo te conoces? -¿Quién no me conoce? Ya escuchaste, me están buscando y cuando me encuentren me van a descuartizar y lanzarme a los muertos. -No harán eso porque servimos a la vida y no saben quién

