Leila Estoy dando vueltas como loca en este lugar, no me gusta el encierro y mucho menos cuando no puedo conectarme con mi abuelo. —Puedes quedarte quieta —entra la misma joven que nos recibió a Raúl y a mí. Sabía que había algo extraño en ellos, todo fue una fachada. —Despertar en un lugar desconocido y no poder comunicarme con nadie, no es agradable. Quiero saber ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? Y ¿Dónde están mis amigos? —Cuando el señor llegué, él te responderá sus dudas. —Puedo matarte si intentas hacerme daño. —Sonríe. —Lo sé, pero no le temo a la muerte. Tarde o temprano nos llega y si puedes matarme, es porque me lo merecía. —¿Qué? —Lo bueno de esto, es que ya despertaste. Llevas horas inconsciente, aún no sabes manejar la fuerza de tus poderes, aunque son grandiosos.

