Capitulo 11

1386 Palabras
Terminan de cenar Ricardo espontáneamente le dice a Laura que no se preocupe que él recogerá la mesa lavara los platos y dejará la cocina limpia mientras tanto la invita a ponerse cómoda.   —Si deseas puedes darte una ducha.   —Realmente me gustaría hacerlo, sin embargo, no dispongo de implementos personales y mucho menos de ropa limpia para cambiarme.   —No tienes de qué preocuparte puedo solucionar todas tus necesidades, aquí puedo encontrar y proveerte de todo lo que requieras para complacerte.   Y realmente así lo hizo Ricardo dispuso de su tiempo y dedicación para permitir que Laura se diera una relajante y refrescante ducha, luego de eso la invito a escuchar un poco de música a lo que ella amablemente aceptó.   —Eso sí, te advierto me gusta escuchar boleros.   — Y yo te confieso no es mi género favorito, pero si lo disfruto, ya que mis padres me acostumbraron a escuchar ese tipo de música para ellos es un deleite.   — qué bueno entonces en mi compañía disfrutarás de esa música igual como la disfruten tus padres. Y así sucedió, pasan Varias horas entre bolero y bolero entre remembranzas, entre risas, conversas y bebidas, hasta que Laura bosteza.   — Lo siento ya estoy un poco cansada tengo sueño. —Me extrañaba que no hubieses manifestado tu deseo de dormir. Te comprendo, ya es tarde y por hoy ha sido suficiente, vayamos a descansar recuerda dormirás en mi habitación.   — No Ricardo, que pena contigo no quiero ocasionarte problemas, recuerda que te dije que me quedaba solo con la condición de que me permitieras dormir en el cuarto de invitados.   —Perfecto si es tu deseo yo no tengo ningún problema en complacerte, vamos te indico donde queda la habitación. Ricardo deja a Laura instalada en la habitación de huéspedes y se traslada a la suya propia, luego de ducharse, de colocarse la pijama, se deja caer en su cama y comienza a pensar en lo maravilloso que ha sido el día, en todo vivido en compañía de Laura, suspira porque no puede creer que ella esté allí en la habitación contigua, que le haya regalado tantas alegrías en un mismo día que hayan compartido tantos momentos que tengan experiencias y recuerdos tan parecidos, está convencido, definitivamente Laura es la persona ideal. Y por más que lo intenta no puede conciliar el sueño, está muy emocionado, se siente cada instante más cerca de la plena felicidad al lado de esa bella, inteligente y a veces descifrable mujer.   Laura, a diferencia de Ricardo, aunque al principio se sintió un poco extraña en esa habitación, pues podía sentir la necesidad de sus propios aposentos, ya que es una persona de costumbres, un poco monótona, al adaptarse un poco y acomodarse en la cama, se quedó dormida, sin por motor que ningún pensamiento le frenara su encuentro esperado en brazos de Morfeo.   —Buenos días, bella durmiente. Aquí está Su esclavo, espero le guste lo que le preparé de desayuno.   Ricardo ha entrado a la habitación donde plácidamente durmió Laura, ya siendo las 9:00 am, con un gesto muy típico, le ha traído un suculento desayuno preparado por el mismo, en una bella presentación, acompañado de una flor, un  hermoso girasol naciente. — Laura despierta, al ver el afable rostro de Ricardo sonriente.   —Ricardo, mi amor, buenos días —tocando su rostro, continúa diciendo.   —Qué bello gesto, que agradable despertar, este desayuno huele riquísimo, se ve bellísimo y este girasol, muy lindo, gracias por todo, me complace mucho este amable gesto, antes de comenzar a comer te aclaro, no eres mi esclavo.   — ¡Mi  preciosa y bella damisela, por seguir disfrutando de esa bella sonrisa que le has regalado, por seguir amaneciendo contigo en mis pensamientos, por sentirme el hombre más afortunado al mundo por lo feliz que me haces, soy tu esclavo, tu lacayo, tu sirviente eterno, come por favor, no esperes que se enfríe!   — ¿Y  tú? ¿Comeré yo sola?   — Si mi amor, mi deleite será verte degustar este sencillo, pero cargado de amparo, desayuno que he preparado para ti.   —Que tierno y romántico eres, pareces un personaje de historias de época, ya en este tiempo no quedan hombres así.   —Claro que si mi belleza, existo yo y estoy entregado totalmente a ti  — Ricardo sonreí, hace una pausa y continúa hablando. — Come amor mío, ya basta de parloteo, Laura le obedece y comienza a comer, Ricardo se limita a observarla con admiración y devoción.   Al culminar el proceso de degustación culinaria por parte de Laura, Ricardo la mira fijamente, intimidándola un poco.   — ¿Oye, porque me miras así? Me pones un poco nerviosa.   — Es que no me canso de admirar tu belleza, de disfrutar tu presencia y además, quiero decirte algo.   — Me voy a creer todos tus halagos, ¿qué me quiere decir?   — ¡Más bien hacerte una invitación!   ¿—Cuál será? Vamos, te escucho.   ¿—No te vayas a tu apto, pasemos el día juntos, podemos dar un paseo a los sorprendentes acantilados de Etretat, solo nos llevará dos horas llegar hasta allá, es un lugar espectacular, aceptas?   — que tentadora invitación, no me la esperaba, ¿sabes qué? Acepto.   — Que emoción, damisela, qué gusto me da que aceptes mi invitación, vamos preparemos todo, levántate presta de esa cama, no perdamos más tiempo— exclama Ricardo muy contento, tanto que parece un niño el día de navidad. Emprenden el viaje en el vehículo de Ricardo, dos horas les toma llegar al pueblo de Etretat, lo primero que observan es la peculiar arquitectura de sus casas, fabricadas con sílex, entramado de madera, ladrillo y piedra., lo primero que deciden visitar Son los jardines, los cuales son un museo de arte contemporáneo al aire libre, con ideas futuristas que cuentan con un siglo de historia.   —La creadora, de estos jardines fue la actriz Madame Thébault, quien desarrolló una armoniosa coexistencia entre el antiguo jardín histórico y las ideas arquitectónicas contemporáneas— le comenta Ricardo a Laura. Destacando su amor por la arquitectura y sus conocimientos en el área. Al culminar el recorrido por los espectaculares jardines, llegan a la playa, La cual es amplia y con las mejores vistas a los acantilados, no es de arena sino piedras medianas a pequeñas, que no molestan al sentarse.   —Laura, el agua de esta playa es muy fría, solo podremos entrar unos minutos, sin embargo, se puede disfrutar de la hermosa vista a los acantilados y descansar, relajarse, distraerse, olvidarse por un rato del tumulto citadino —   expresa, Ricardo, con suavidad.   —Está bien, tratemos de relajarnos y de disfrutar las maravillas que se nos regalan, a través de la naturaleza - este lugar está hermosísimo, está rodeado de una magia especial  — responde Laura.                   — Si, realmente es así Y espera que veamos la puerta del sol, será una experiencia sublime. Laura y Ricardo, pasan el día divinamente en la playa, admirando el paisaje, destacando el acantilado Ojo de Agua, paseando despacio por los senderos, comiendo rico, alimentos del mar, preparados artesanalmente por los residentes.   — Ricardo, gracias por esta encantadora invitación, me ha gustado mucho este paseo, he pasado un día maravilloso e inolvidable - comenta Laura.   — Me complace mucho que te haya gustado, yo igual estoy fascinado, entre esta belleza natural y tu compañía, siento que ya llegué al cielo - exclama Ricardo.   — No es para tanto, no exageres — dice Laura.   — Es así, es la verdad  — responde Ricardo.   —Ambos se miran, se ríen y se regalan un tierno y a la vez apasionado abrazo, el cual es interrumpido por el ocaso del sol. El horizonte se viste de un inmenso arco iris que se mezcla a tal punto que no sé distante el agua del mar con el azul del cielo. Cada color va reflejando su intensidad, verde, amarillo, naranja, azul, rojo, violeta, y el sol brillante como protagonista de la imponente escena.   — Amor mío, que belleza, que regalos tan maravillosos nos da la naturaleza — expresa, Ricardo. Si, realmente es así, te confieso que es la primera vez que tengo la oportunidad de disfrutar de una espectacular puesta de sol. Luego de esa sublime e inolvidable experiencia, deciden regresar.                                
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