Ya han pasado las horas, Ricardo está a punto de terminar sus compromisos organizativos y laborales; lo que hace que el nivel de emoción aumente, con la ayuda de algunas personas, ha logrado organizar una velada muy especial para Laura. Ella no tiene ni idea de que vivirá esta noche.
Ricardo, toma unos minutos para escribir en texto
—Hola, mío, espero que te encuentres bien y que hayas pasado un excelente día; requiero solicitarte algo: espérame cómodamente vestida en el living del hotel a las 6:00. Saldremos a dar un paseo.
—Hola, cariño que gusto saber de ti, te extrañe, si realmente hoy pasé un día tranquilo, placentero y esa sorpresa. ¿A dónde me llevas?
—Tú lo has dicho bella dama, será una total sorpresa.
—Está bien te esperaré como me lo pides, estaré lista a las 6:00.
Laura no esperaba esta salida por lo que se apresura a ducharse, a acicalarse para estar lista, como se lo ha pedido Ricardo. Está muy indecisa en cuánto a qué ropa ponerse, no sabes si será una velada elegante o más casual, no sabe si hará frío o si habrá brisa, aun así, procede a bañarse y al salir de la ducha, decidirá cómo y que vestir, de lo que sí está segura es que quiere estar bella para agradar a Ricardo.
Laura ya está en el living del hotel, viste un vestido azul marino, ajustado al cuerpo, con mangas casquillo, el largo a media pierna, acompañado de un chal floreado, por precaución al fuerte viento que se siente; calza zapatillas cerradas de color crema, además lleva una cartera hace juego perfecto con el calzado. Espera solo unos minutos, cuando Ricardo aparece, se ve un poco apresurado, algo raro en él, ya que más bien es un hombre calmado, paciente, controlado.
Ricardo, ve a Laura inmediatamente que desciende del vehículo y se emociona muchísimo, tanto que sus pasos y sus latidos se aceleran al máximo, se le dificulta controlar lo que siente, se percata de que está como efusivo y trata de someter ese impulso, no quiere incomodar a Laura, más bien quiere agradarle y regalarle una noche bellamente inolvidable. Respira varias veces de manera profunda y suave hasta que llega al lado de Laura. Al estar junto a ella le susurra al oído.
— Que placer siento al verte de nuevo, mi amor, estás bellísima, el color del vestido hace juego perfecto con el color de tu piel, además te queda hermoso. Ver tu faz es el mejor aliciente para mis retinas.
—Hola, mi amor, igual es un gusto para mí verte, que bello tu verbo, ¿de dónde sacas esas palabras tan hermosas?
—De ti, tú eres mi musa, mi inspiración, mi alegría. Mi bella dama tengo preparada una gala muy especial para ambos esta noche, así que por favor no perdamos más el tiempo y prosigamos.
Ricardo toma de la mano a Laura y comienzan a caminar.
—A donde me llevas con tanta prisa — pregunta Laura.
—Tranquila, solo te pido que confíes en mí, déjate atrapar.
Al salir del hotel Laura observa a unos pocos metros un helicóptero y se percata de que ella y Ricardo se dirigen directamente hacia él.
—Ricardo ¿tú me vas a subir a ese helicóptero? — pregunta Laura sorprendida.
—¡Amor si ambos abordaremos ese helicóptero, daremos un paseo será agradable, tranquila, disfrútalo, déjate llevar!
Laura se siente un poco aprensiva, sin embargo, decide hacerle caso a Ricardo; demanda un gran esfuerzo por controlar sus emociones y sin más preámbulos, aborda el autogiro.
Comienzan el recorrido por la ciudad, el primer lugar que visita desde las alturas es el Tokyo Skytree, la cual es la torre más alta del mundo, con 634 metros de altura, luego pasan por el Templo Sensoji, este es uno de los espacios culturales y religioso más importantes del país, con su emblemático techo rojo, continúan recorriendo la Bahía de Tokio, bordeando el puente Rainbow (puente Arcoíris), cuyos colores iluminan su estructura y dejan una bellísima estampa, de igual manera disfrutan de luminosa vista del resto de rascacielos que decoran el paisaje, con la pirotecnia y belleza que solo Tokio sabe proporcionar. Para culminar su paseo y aterrizar en el Jardín de Hama-Rikyu, donde se ahuyenta el ruido y se siembra la tranquilidad. Los jardines de este complejo son impresionantes y están perfectamente cuidados, por lo que son el lugar ideal para el propósito de Ricardo, durante esta velada.
Al salir del helicóptero, Laura y Ricardo dan unos pocos pasos tomados de las manos y se divisa en un campo abierto, cubierto de innumerables arbustos y flores, un servicio tipo pícnic.
Laura sigue agradablemente impresionada, no sabe cómo leer el mensaje que Ricardo quiere enviarle, con todos esos detalles. Sin demorar y de manera directa, le comenta.
—Ricardo mi amor, todo esto está muy bello, maravilloso, estoy muy complacida, muy feliz, me ha encantado todo, gracias. Dime, ¿Cuál es el motivo de todo esto? —expresa Laura.
—Mi bella dama, calma, no te apresures, ya lo entenderás todo. Ven te ayudo a sentar, disfrutemos este momento, disfrutemos del pícnic.
Laura se encoge de ambos brazos y obedece a Ricardo, permitiéndole que la ayude a sentarse.
—Vamos a cenar, aquí así al aire libre, organice un pícnic nocturno. Ya he traído todo preparado en esta cava. Sé que te gustará todo. —le expresa a Laura.
Acto seguido, Ricardo presenta los alimentos que ha traído, para la cena, el menú está muy variado, como plato principal, ha traídos unas Gyozas, que son unas empanadillas, rellenas de carnes, verduras y algunos mariscos. Decidió agregar cómo segundo plato Yakitori, que son unas brochetas de pollo asado, cubiertos con una salsa dulce muy rica. Y como postre ha traído Mochi este postré se elabora con una pasta de arroz glutinoso y se lo rellena con dulces o helado. Y de bebida ha ofrecido Té de sakura.
Ricardo y Laura, han comido muy rico, les ha gustado mucho todo lo degustado. Durante la comida, se miraban a los ojos, se sonreían, se tomaban de las manos, compartieron los bocados uno al otro, en fin; disfrutaron de manera sencilla y cariñosa, el momento de la cena a la campestre.
—Cariño, gracias por todo esto, que rico, que delicia, la comida muy rica, la velada indescriptible, inolvidable, de verdad estoy muy feliz, muy agradecida, esto ha sido muy hermoso, gracias Ricardo.— dice Laura y se aproxima a darle un beso en la mejilla.
—hermosa, no le des las gracias, para eso estoy, para llenarte de alegría, de atenciones como te lo mereces. —responde Ricardo.
Y de una vez, recoge y guarda todas las cosas, no permite que Laura realice ninguna acción.
—Mi amor, tranquila, tú eres la agasajada, espera un momento, yo me encargo de guardar.
Al terminar de recoger, Ricardo invita a Laura a dar un corto paseo por el jardín, ella acepta. El extenso espacio natural se adorna con flores de peonías, ciruelos y cosmos, lo que le regala diversidad de colores y aromas. Ambos van caminando uno al lado del otro y detallando toda la hermosura natural que tienen a su alrededor, hasta que llegan al estanque de agua de mar salada, que entra directamente desde la bahía de Tokio. Allí se detienen al completar lo espectacularmente bello que es el estante. Ricardo culmina con el silencio.
—Ven amor mío… Acompáñame, por aquí hay una caminería de flores, vamos a verla — le dice Ricardo a Laura, invitándola a dar unos pasos.
Laura le sigue, y se encuentran con un espacio medio escondido. Sorprendentemente bello, la grama está cubierta de flores de Gazanias, la combinación de los colores entre el verdor de la grama y el naranja de las flores, otorga al ambiente una sensación de bienestar y alegría.
Al estar ambos en frente a ese lugar, Ricardo invita a Laura a que se tumben en la grama a contemplar las estrellas y a disfrutar de ese momento, lo hacen así y se decidan a deleitarse, sintiendo, oliendo, viendo, cada detalle. De pronto, de manera intempestiva Ricardo comenta.
—Disculpa que te interrumpa, mi amor. Es que siento algo en la espalda, me molesta, me pica.
— ¿Qué será?-pregunta Laura. Y prosigue diciendo.
—Déjame ver, date vuelta.
—No, espera.
Ricardo gira, introduce la mano por su propia espalda y dice.
—ya lo tengo, mira lo que es. Acercando una cajita al rostro de Laura. Enseguida se levanta, se pone de rodillas y hace la pregunta.
—Laura, ¿quieres ser mi Esposa?
Laura se sienta, sus ojos brillan, su corazón late muy fuertemente, se lleva las manos al rostro y deja correr unas lágrimas por sus mejillas, sin demorar, dice.
—si, si, si, y mil veces sí. Quiere ser tu Esposa, tu compañera, tu amiga, tu amante, tu todo. Te amo Ricardo.