Tanto Laura, como Ricardo tuvieron un plácido descanso, luego de esa noche tan efusiva, tan intensa, tan romántica. Ricardo ha despertado, lo primero que llega a su memoria al abrir los ojos al alba es el rostro sonriente de Laura, su candor, su pureza, su alegría, su ingeniosidad, toda esa hermosura lo envuelven, lo tienen demasiado complacido, lo que más le sorprende es evidenciar como paso a paso el amor ha suavizado hasta las expresiones faciales en ella. Ricardo cree que es totalmente otra persona, en comparación a aquella dura mujer con la que se tropezó por primera vez, ahora siente que es una versión mejorada, rejuvenecida alegre, con su misma calidez humana, en fin ahora es una mujer enamorada.
Laura por su parte, abre los ojos, suspira y busca en su mente en qué pensar, vienen muchas ideas a su cabeza; Lo primero que se plantea es si ¿será cierto todo lo que está recordando? Que Ricardo le pidió matrimonio, con intención gira su cabeza hacia el lado derecho y observa el anillo de compromiso, bien dispuesto en la cómoda, lo que le confirma que todo es verdadero. También piensa en el resto de su familia, ya cuenta con la aprobación de su madre y su papá, sus hermanos, ¿qué irán a decir al respecto?, ¿estarán de acuerdo? Eso le preocupa un poco, sin embargo espera que puedan apoyarla, que puedan darse cuenta de que ella es sumamente feliz con Ricardo, que el resto de su vida estará llena de dicha y felicidad. Inmediatamente piensa que ya es sumamente madura para tomar sus propias decisiones, aun si le gustaría contar con la aprobación de toda tu familia. Entre estos pensamientos, Laura siente hambre, por lo que decide levantarse de la cama, Se acicala y observa el teléfono, como aún no tienes ningún mensaje de Ricardo, toma la determinación de ella misma enviarle un texto.
—Buenos días, bello durmiente.
— Buenos días, mi bella dama, estaba esperando que tú te despertaras, no quería interrumpir tu sueño, si te confieso, estaba impaciente por saludarte, por saber de ti, ya estoy listo, preparado para salir.
—Tengo unos minutos despierta meditando un poco me ha hecho levantarme de la cama el sentir la necesidad de comer, ósea, tengo hambre.
—Entonces no se hable más mi bella dama salgamos a comer, yo estoy para complacerla.
— requiero unos minutos mi vida no estoy lista me arreglo pronto.
—Está bien como tú digas espero por ti solo avísame cuando ya estés lista y yo paso por ti.
—Así será dame solo unos minutos.
Laura se dispone a vestirse de manera apresurada, dispone vestir un atuendo con muy sencillo, un pantalón capri beige y una blusa de flores con corte y dibujos mao, acompañado de unos zapatos deportivos, agrega al look unos lentes de sol y si nueva y más preciada adquisición, su anillo de compromiso. Toma el teléfono y envía un mensaje a Ricardo.
— amor mío estoy lista.
—Ya paso por ti espérame en la puerta por favor.
Ricardo llega pronto, al tener a Laura en frente, la mira con detenimiento, sonríe, toma sus manos y le da un verso en la frente, comienzan a caminar agarrados de la mano por el pasillo hasta llegar al elevador, el cual los conduce directamente al restaurante del hotel. Han acordado ambos, desayunar Sopa de miso, acompañado de té verde tibio, un desayuno ligero, refrescante y más bien revitalizador. Luego de culminar de comer, Ricardo le tiene otra sorpresa a Laura.
— bella dama, tengo algo muy importante que decirte.
— ¿Qué será ¿pasa algo?
— Si pasa algo.
— Dímelo ya. ¿Es serio ¿Delicado?
— Tranquila mi amor, es importante. Bueno té cuento, hoy no te deje sola, me quedaré contigo.
—Ricardo, no me espera eso, me agrada mucho, pero no puedo evitar pensar y preguntarme y ¿tu trabajo? ¿Tus responsabilidades?
—Tranquila mi amor, no te preocupes, ya tengo todo resuelto, hoy el día es para ti, haremos ese paseo de qué me hablaste, que tanto deseas realizar. Iremos al Parque Kasai Rinkai, ya tengo todo listo, recuerda que soy un Perfecto planificador.
—Si ya lo veo, y experto en sorpresas también. No he salido de una, cuando ya me estás dando otra.
—Adáptate amor mío, así será nuestra vida juntos, sorpresas, aventuras, paseos, alegrías, felicidad plena.
— Que bueno mi vida, eso me gusta, me llena de esperanza y sé que realmente será así, yo lo es, soy muy feliz a tu lado.
Ricardo se pone de pie, toma a Laura de la mano izquierda y hace una seña con su mano derecha e inmediatamente se aproxima un vehículo, ambos lo abordan y se emprenden el recorrido.
Al llegar al parque, lo primero que visitan es el santuario de aves y el acuario, donde observan una amplia representación de las aves y peces y demás que se pueden encontrar en los alrededores de Tokio, así como especies procedentes del resto del mundo. Luego se desplazan a una de las playas, que se encuentra ubicada en una isla artificial, conectada a tierra por el puente Kasai Nagisa y es un lugar preparado para la recreación. Laura y Ricardo , disfrutan de una bocanada de aire fresco ,además del sonido de las olas junto a la vista del cielo abierto, azul intenso , después del mediodía organizan una barbacoa; luego de comer y reposar, realizan submarinismo de aventura y para principiantes. En fin, el día ha estado lleno de experiencias gratificantes que les ha permitido distraerse y festejar su compromiso. Sentados en a la orilla del plácido mar, Ricardo le pregunta a Laura.
—Laura, mi amor, dime ¿te ha gustado el día de hoy?
— Mi amor, mejor imposible. Me ha encantado, me he divertido mucho, sobre todo estando en tu compañía, qué día tan relajante, tan fresco, gracias mi amor. Y dime, ¿A ti te ha gustado?
—Mi bella dama, a mí no me tienes que preguntar eso, con él solo hecho de estar a tu lado y verte feliz, yo me doy por satisfecho, mi alegría eres tú, mi sonrisa está en tu rostro, vivo, respiro y siento por ti y para ti. Laura se queda maravillada y en silencio, meditando sobre esas palabras tan significativas, que pensó nunca escuchar. Luego de meditar unos segundos, comenta.
—Me dejas sin palabras, sin aliento, con esas galanterías, y me encantan, más bien, discúlpame que a mí no me salen con tanta fluidez como a ti. Aunque sabes que también te amo mucho y soy muy feliz junto a ti.
—Tranquila mi preciosa. Ya te saldrán palabras más lindas y románticas que las mías y yo sé que nos amamos mutuamente. Observa, ya cae la tarde, creo que es momento de regresar.
— Mi amor yo me siento también aquí que te soy sincera me gustaría quedarme, este lugar está muy hermoso, muy relajante y gratificante.
— Mi cielo bello recuerda que tus palabras para mi son órdenes si te quieres quedar, así lo haremos.
—Gracias mi amor por esforzarte en siempre complacerme, ahora bien y ¿tus compromisos laborales?
—Hermosa novia, yo lo resuelvo haré unas llamadas telefónicas y pondré todo en orden para mañana.
—Entonces lo haremos así. ¡Nos quedamos! Tú no tienes reparo, como me malcrías.
— soy muy feliz haciéndolo, tu rostro de niña consentida, me encanta.
— Siempre he sido una consentida, por mis padres, por mis hermanos y ahora tú.
— Tú eres una reina, mereces ese trato y mucho más. Y tu mamá ¿no te malcriaba?
— Aunque no lo creas, mi mamá era la única que me ponía normas y reglas, hoy en día somos más bien como amigas.
—Eso está bien, en la crianza de los hijos uno de los padres deber ser más flexible que el otro. A mí me consentía mucho mi Madre. Tengo gratos recuerdos de ella, sobre todo en la comida, me preparaba unos ricos platillos, de ella proviene mi gusto por la comida.
— Que bueno, lamento no poder conocerla.
—Seguro que se la llevarían bien, ella también era muy inteligente y le gustaba hablar mucho. Ricardo hace una pausa y prosigue.
— Mi vida, avancemos, vayamos al hotel a reservar las habitaciones.
— Sí, mi amor, ¡vamos!
Laura y Ricardo, caminan uno al lado del otro, el recorrido un tanto largo que conduce desde la plata al hotel más cercano, ya que lo completa cuenta con 4 hostales. Llegan al recinto y se registrarán, de inmediato, el servicio del hotel, los invita a cenar, ambos aceptan sin durar.