Capitulo 3

1590 Palabras
Laura responde la llamada de Elena, se saludan con mucha amabilidad.   — Hola, amiga. — dice rápidamente.   — Hola, amiga, ¿qué estabas haciendo? — contesta Elena.   —No vas a creer lo que te voy a contar, recuerdas el episodio que me ocurrió hoy en la mañana, en ese momento fue que perdí mi agenda, y apenas llegue a casa, toco a la puerta un caballero muy elegante, muy simpático, muy educado, me explico que fue a mi casa para devolvérmela, yo muy contenta de recuperarla.   — ¿Y qué más pasó? Cuenta …   —Amiga, no sé qué sucedió, pero te confieso que sentí que yo ya a ese hombre lo conocía, me sentía bien en su presencia, protegida, hasta relajada.   — ¿Cómo es eso? Explícate mejor.   —Realmente ni yo misma entiendo, lo cierto es que me pasó algo que nunca había sentido, como una confianza, una seguridad. Además, me gustó mucho.   —Amiga, me parece mentira lo que estoy escuchando, ¿y le abriste la puerta?   —Si, lo dejé entrar, le ofrecí una bebida, luego él se sentía muy en confianza y lo despedí pronto.   — ¿Y en qué quedaron? – primera vez que alguien, aparte de mí, entra a tu departamento— expresa Elena, sorprendida.   — ¿En nada, Elena como me preguntas eso? Solo le agradecí por su gesto y se fue.   —Que lastima Laura, hay que creer en el destino, quizás él representaba una oportunidad, aunque sea de que tengas un amigo.   —No, no, Elena no me digas esas cosas. Y a todas estas, ¿Qué me ibas a decir tú?   —Te iba a recordar tus reuniones de mañana, pero ya recuperaste tu agenda y no es necesario, pues estoy segura de que en ella tienes todo apuntando con horarios específicos.   —Si, que bueno que, gracias a ese hombre, que por cierto se llama Ricardo, pude recuperar prácticamente mi vida.   —Así es amiga, ok nos vemos mañana, trata de descansar.   —Adiós, tú también descansa.   —Ricardo, contesta la llamada de Adolfo.   —Amigo, ¿cómo estás? ¿Dónde andas metido? Te invito a degustar un platillo exquisito que he preparado yo mismo. —dice Adolfo.   —Hola, amigo estoy un poco lejos de casa, si me esperas con tanto gusto, te acompaño.   —Pues apresúrate, que se enfría; si te espero. Por cierto, ¿dónde estás? Desde que te conozco, primera vez que a esta hora no estás en casa, ¿ha pasado algo?   —Si Adolfo, ha pasado algo.   — ¿Dime, algún problema? ¿Con un familiar? ¿De salud? ¿Qué pasa? — Expreso Adolfo, un tanto preocupado.   —Calma, calma, te cuento; me ha pasado lo más bello, en toda mi vida; la encontré hoy.   —¿A quién? — pregunta interrumpiéndolo Adolfo   —A la mujer que esperaba, a la más linda del mundo, a la flor que cuídate por el resto de mi vida y más allá. Es hermosa, inteligente, con una fuerte presencia, y sus ojos Adolfo, sus ojos son majestuosos, su mirada penetrante, enigmática, cautivante.   —Para, no sigas Ricardo, ya oigo que esa mujer te ha hipnotizado, además es n poco adelantado, pensar así.   —Si, así mismos es, estoy cautivado y seguro de que ella es.   —Mejor, apresúrate en llegar y me cuentas aquí, quiero ver tu cara y escuchar toda la historia.   —Perfecto, ya voy amigo.   Al culminar la llamada telefónica con Elena; Laura piensa: - por fin, tranquilidad, paz, silencio, por fin me podré ir a bañar… se dirige a la sala de baño, donde ya está lista la bañera, se desviste, se introduce en la misma, sintiendo en su cuerpo como las esencias aromáticas, van abrazándola. Se sumerge en el agua, olvidándose por unos segundos de todo, se dedica solo a sentir y disfrutar ese corto tiempo solo para ella.   De repente, llega a su mente el recuerdo de la voz de Ricardo, y repasa cada momento vivido en el día, desde que lo vio por primera vez, hasta el encuentro de hace unos minutos en su casa, se siente   expectante, primera vez que se despiertan esas emociones en ella, le gusto Ricardo, su presencia, sus gestos, su voz, su amabilidad, su caballerosidad, su paciencia, como manejo la conversación, obviando las palabras fuertes que ella le dispenso; sus gestos, sus ojos.   Aunque le cuesta aceptarlo, de verdad le ha gustado Ricardo, y piensa en las palabras de su amiga— asistente Elena; quizás exista la remota posibilidad de otro encuentro, de una cita, de una amistad, de…   —Para Laura, no seas ilusa— se dice así misma. Y de nuevo se concentra en su relajante ducha.   Ricardo, llega al estacionamiento del edificio, parquea su carro de espacio y perfectamente alineado, como lo hace rutinariamente. Da unos pocos pasos y llega al ascensor. Adolfo, que lo ha visto desde la ventana, lo saluda con un gesto en la mano y procede a abrirle la puerta del apto, para cuando salga del elevador, pueda entrar directamente. Al hacerlo, se saludan con un apretón de manos y acto seguido un abrazo.   — tiempo sin verte amigo mío. — le comenta Adolfo.   Ambos se ríen, pues se vieron la tarde anterior, vieron un partido de futbol, comiendo palomitas y tomando grandes tarros de té, por supuesto Adolfo apoyaba a un equipo y Ricardo, al contrario.   Termina de entrar, y ya está la mesa servida, Adolfo lo invita a sentarse, con un gesto, ambos lo hacen y proceden a comenzar a comer, el plato es una pasta a la carbonara, con abundante queso.   —Si sabe cómo huele, está exquisito— comenta Ricardo con gusto.   —Degustemos, a ver si es cierto lo que dices— responde Adolfo, con cierta ironía y jocosidad, al mismo tiempo. Acto seguido, ambos se dedican a comer.   Al culminar, Adolfo procede a expresar:   —No necesito preguntarte, si te gusto. Yo lo he comprobado, has dejado el plato totalmente vacío, pero ven, deja eso así, yo más tarde guardo la mesa, vamos al balcón, sentémonos cómodamente, estoy ansioso por escucharte, que me hables de esa mujer tan, según tú, hermosa, que has conocido.   — vamos— responde Ricardo.   Ya, estando sentados en el banco, sintiendo una suave, tenue y fría brisa de verano, Ricardo comienza a conversar:   —No es según yo— continúa— es la verdad, Adolfo. Está linda y segura dama, me ha atrapado, siento que es todo lo que yo deseo en una pareja, que posee todos los atributos que yo aspiraba para llenar mi alma, mi mente y mi cuerpo de absoluta y total felicidad.   Adolfo lo escucha atentamente, sin evitar decir, lo que está pensando:   —Como puedes expresarte así, si apenas la has conocido hoy, si por lo que entendí en nuestra conversación por teléfono; en horas de la mañana ella topó contigo con tanta fuerza que casi te tumba y luego en la tarde, fuiste a su casa solo unos minutos a devolverle la agenda, cruzaron unas breves palabras y eso fue todo. — dice Adolfo riéndose.   — Adolfo cuando conoces a la persona ideal, lo sientes, lo percibes, lo sabes – expreso Ricardo — y continúa diciendo: yo buscaba a esta dama en mis sueños, en mis pasos, en mi diario andar, hoy al verla se encendió todo mi ser, mi alama se conectó con la suya, y sé que ella ha sentido lo mismo, aunque trate de disimularlo.   Ricardo sigue inspirado, prosigue diciendo: lo que más anhelo en estos momentos, es estar entre sus brazos, sentir sus labios rozando los míos, no dejo de pensar en ella, estoy dispuesto a ser su esclavo de amor, si es necesario.   Adolfo lo interrumpe, carraspeando su garganta.   —Oye, oye, Ricardo, no te había escuchado hablar así, no sabía ni me imagine que eres tan romántico, a mí eso me parece anticuado, ya no se usa, actualizase, hoy en día, el amor es más pragmático, más sencillo, sin tanta suspiradera y sin tantas palabras. — comenta Adolfo de manera juvenil.   —Amigo, no te burles. Yo si creo en el amor verdadero, y ahora que lo siento cerca, seguiré apostando y creyendo y esperando.   —está bien, respeto tu convicción, sabes que te aprecio y que me gustaría mucho verte felizmente acompañado de alguien que te haga feliz, yo por mi parte, seguiré siendo un soltero disfrutando de la vida. — dice Adolfo, de manera afable.   Laura, termina su baño, se dispone a secarse, perfumarse, peinarse y colocarse su pijama de seda, luego se dirige a la cocina, ya ha decidido que cenara n ligero emparedado de pan con atún y vegetales; ya que bajo ninguna circunstancia se sale de su dieta; o mejor dicho, en una que otra ocasión especial se da un gusto, como cuando celebraron el nacimiento de su primer sobrino varón, comió pastel. Y bebió cóctel de frutas.    Se sienta sola en la isla a degustar su cena, y enciende la música, escucha ritualmente las mismas canciones cada noche, instrumental y jazz, pero hoy tiene el deseo de cambiar su preferencia y coloca música contemporánea romántica, se va llenando emotivamente de sus letras, las escucha con atención, escudriñando el sentido del mensaje, el cual dice así:   —mirando tu mundo desde lejos, volteas la cabeza, pero no me ves, te pondré un hechizo, y cuando te despiertes te darás cuenta de que me amas…     Laura, suspira, y sin darse cuenta, corren unas lágrimas por sus mejillas.                                                        
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