CAPITULO CINCUENTA

1231 Palabras

**ALEXANDER** Intenté detenerla, di dos pasos largos hacia ella, pero ya era demasiado tarde. Ya había presionado el botón del ascensor con esa confianza irritante que tenía para todo. Las puertas se abrieron inmediatamente, como si el maldito elevador hubiera estado esperándola. —Perfecto —pensé con sarcasmo—. Hasta el edificio está a su favor. Ella se giró para mirarme por encima del hombro, y la sonrisa que me dedicó no era de victoria en el sentido de haber ganado algo. Era de autocomplacencia pura, esa expresión satisfecha de una mujer que sabe exactamente lo que quiere y no le importan una mierda las consecuencias para nadie más. Era la mirada de alguien acostumbrada a que el mundo se doblegara a su voluntad. Y para mi completa sorpresa y creciente indignación, subió al ascensor

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