Dejavú

1182 Palabras
Habían empezado las grabaciones y ahora, no tenía tiempo de nada en absoluto. No pensé en lo absoluto que pudiese ser tan agotador y lo frustrante que puede llegar a ser, especialmente, cuando toca repetir la misma toma hasta más de quince veces, ¡es una locura! Creo que perderé peso a este paso. Por otro lado, me llevé muy bien con todos mis compañeros de la producción, eran francamente geniales y personas muy alegres, aunque claro está, todos tenían experiencia en este tipo de cosas, no como yo, pero claro está, no eran grandes actores, la mayoría sólo había tenido papeles pequeños en televisión y esta era la gran oportunidad, porque era una gran producción que contaba con mucho presupuesto. El único con recorrido era Erik Duval, es bastante famoso, atractivo, rico y conocido, lo cual alimenta el ego de esa sabandija, es bastante despreciable, no me cae nada bien y menos por la forma en que viste. Usa enormes abrigos de piel o con plumas, de mal gusto, relojes de marca, trajes impecables e incluso, tiene un asistente que hace todo por él, es decir, no mueve un solo dedo. Al principio, me costaba mucho interpretar bien mi personaje, María, quién está obsesionada con él (Julián), pero luego de un tiempo, pude hacerlo bien, creo que eso era parte de ser profesional, hacer las cosas bien a pesar de que Duval me caiga como una patada en el esófago. Preferiría en verdad tener diarrea dos días que pasar una hora a su lado. En resumen, todo marchaba bien por esa parte y a pesar de ocuparme unas doce horas al día o incluso más, empezaba a disfrutar ese nuevo proyecto, a pesar de que era un gran desafío para mí. Mamá cuida a Helena, desde las 16h que sale de la escuela hasta cerca de las 20h en que yo llego. Por esa parte todo iba bien, pero notaba cierta incomodidad por parte de Johann y no sé a qué se debía. Él es del tipo que no te dice las cosas, se las guarda para soltarlas cuando está muy molesto y no sé bien qué es. Creí que era por Mateo, por la otra noche de domingo en que vino a traer a Helena. Llegó a eso de las 19h, era de noche y yo estaba intentando hacer una torta de chocolate, la he hecho un par de veces, pero siempre me queda mal, no sé por qué y creí que esa noche podría salirme bien sin lucir tan horrible, pero no estaba segura. Qué frustración. Johann unas dos horas atrás había salido a jugar fútbol con sus amigos y en parte era mejor, se burla de mí cada vez que intento hacer algo de repostería y termino echándolo de la cocina. Escuché que golpeaban y abrí la puerta. Helena me abrazó y corrió hacia el baño. Mateo sonrió al verme y rodé los ojos, no me gusta cómo esto me hace sentir, debo evitarlo, no sé cómo, pero debo evitarlo. -¿Qué tal estás?-Preguntó. -Un poco de malas, intento hace mucho hacer una torta, pero queda muy fea. -¿Sabe mal? -No sabe mal, queda mal de aspecto.-Exhalé.-Es fea, queda plana y deforme, quisiera matar a la torta. -¿Le has echado polvo para hornear?-Negué con la cabeza. -¿Eso qué es? -Eres increíble.-Se burló.-Sin eso jamás crecerá. -Ah, soy tan horriblemente ignorante. -Siempre dices eso, no lo eres. Eres un caso hermosamente especial.-Se burló y me sentí extraña, recordé que esa misma frase me la había dicho varias veces antes, hace mucho, cuando me enseñaba a cocinar los domingos y luego, intentaba hacer sola lo mismo que él preparó y no me quedaba ni remotamente similar. Recordé esos momentos, cómo me sentía en ese momento y las cosas que pensaba. Recuerdo que lo miraba, tontamente, igual que siempre y pensaba cosas como que siempre estaríamos juntos, no podía imaginar otra cosa más que eso, o en los hijos que siempre me dijo que tendríamos, jamás en mi cabeza hubiese habido espacio para otra cosa. Jamás habría imaginado como todo iba a cambiar, que sí tendríamos un hijo juntos, pero en unas circunstancias tan complicadas. -Eso mismo decías antes… -Lo sé, lo recuerdo.-Sonrió levemente y en ese momento, escuché el ruido de la camioneta de Johann. Maldición, esto se va a poner feo. Caminó hacia nosotros y se detuvo, justo al lado de Mateo, mirándolo con cara de pocos amigos. Maldición. -¿Vas saliendo de la casa o qué? Si quieres pasa y te invito a dormir con nosotros. -Johann, sólo trajo a Helena. -¿Crees que no veo cómo te mira?-Se quejó, evidentemente molesto.-Eres tan… peligrosamente patético, ni te veo como una amenaza.-Resopló y entró a la casa. Lo miré desconcertada, ¿por qué había dicho eso? -¿Por qué me dijo eso? ¿acaba de llamarme feo? -No lo sé, no lo entendí. -Creo que mejor me voy, antes de causarte problemas. -Cuídate, recuerda lo que te dije.-Sonrió y asintió. -Lo sé, te diré si algo me sucede. Lo vi alejarse y suspiré, tratando de ignorar esta sensación en el estómago, me aterraba la idea de sólo pensar en que podría volver a sentirme así por él, sería lo peor que podría ocurrirme. Entré a la casa y caminé hacia la habitación, vi a Johann teclear algo en su teléfono con la toalla de la ducha en el hombro. -¿Qué tal te fue?-Pregunté. -Ganamos esta vez, ya era hora de que le diera una paliza al infeliz de Jonathan. -Me alegra, supongo. ¿Cuál es Jonathan? -El que dijiste que tenía un tatuaje horrible en el brazo. -Ah, el que estrelló tu moto. -Ni me lo recuerdes. -Johann, ¿por qué le dijiste eso a Mateo? ¿qué quisiste decir? -Ari.-Me miró fijamente.-Antes de conocerlo, por lo que me habías hablado de él o las cosas que me dijeron tus amigos, pensé que me sentiría intimidado o celoso al verlo, pero ahora que ya lo conozco, créeme, se me esfumaron esas ideas. -Mmm, está bien. -A lo que me refiero, porque veo que no me has comprendido, es que lo imaginé, no sé…¿diferente? Por la forma en que me lo describieron, lo imaginé no sé, cómo alguien rudo, de mal carácter o yo que sé, diferente, por lo que hizo, pero es todo lo contrario, llamarlo rudo a él sería como llamar Freddy Krueger a Barney. Es lamentable, por donde lo mire y lo peor es la forma en que te mira, “nada desesperada”, lamentable en verdad. -Johann…-No sabía qué decir ante esas palabras. Una cosa es cuando Simón se burlaba de él porque era sólo eso, burlas, pero Johann hablaba de él de forma realmente despectiva. No sabía ni qué decir. -En verdad no sé qué le viste a alguien como él.-Rió, dejó el teléfono en la cama y me dio un corto beso, entró a ducharse y no sé ni qué sentía en ese momento.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR