Isabel Entro en el despacho de Duke casi a tientas, sin saber cómo va a recibirme después de haberlo presionado —de una forma nada sutil— para que perdonara la vida de Leonora. Los hombres de poder no suelen tolerar que se les lleve la contraria, y yo lo hice delante de todos, colocándolo en una encrucijada de la que no podía salir sin quedar expuesto. No me arrepiento, pero aun así no dejo de darle vueltas. Justo ahora que empezaba a abrirse conmigo… sin mencionar nuestros momentos íntimos, que no ayudan en absoluto a que mi cabeza esté tranquila. Él sabe que estoy aquí, pero no dice nada. Sigue leyendo, los ojos moviéndose sobre el montón de documentos desperdigados por su escritorio, como si yo fuera una sombra más en la habitación. Cuanto más me ignora, más nerviosa me pongo. —¿Qu

