La mujer lo iba a encender en llamas. Gloriosas llamas que destrozaban el alma, que se lo comían vivo. Besarla era el cielo en la tierra, la sensación de su ligero cuerpo bajo sus manos era sin duda la cosa más gloriosa que él podía imaginar. Su olor era a jazmín y a rosas; su mano contra su pecho era cálida, enviando sensaciones de hormigueo a través de cada terminación nerviosa. Emily se apartó de su beso, provocando un gemido de deleite, que él intentó inhalar. Ella se sacudió de sus brazos y se levantó, tomando su mano para sacarlo de la banca. —¿Adónde vamos? —preguntó Matt con voz ronca. Emily lo atrajo más hacia el parque, lejos de las áreas iluminadas y hacia un bosquecillo, que estaba oculto de los caminos. Matt se dio cuenta de sus intenciones y sacudió la cabeza con tímid

