Al siguiente sábado por la noche, Emily se detuvo frente a la casa de Paul y Mandy y, con un suspiro, apagó el motor de su auto. Parecía que todo lo que hacía últimamente era suspirar profundamente, desde que terminó las cosas con Matt. Le dolía. Física y mentalmente le dolía la decisión que había tomado de evitar cualquier contacto con el apuesto detective. Durante unos días, después de haberle dicho a Matt que deberían tomar unos días para pensar las cosas, ella se había permitido tener una fantasía, en la cual ella y Matt podrían tener un futuro juntos. Pero cuanto más lo había pensado con atención, más sabía que nunca iba a suceder. Matt tenía demasiado en juego como para renunciar por ella, y ella no creía que pudiera confiar lo suficiente para superar sus temores. Se había aleg

