POV SOFÍA Cerré la puerta de la habitación de Lía con un golpe seco, como si con ese trozo de madera pudiera dejar fuera todo el poder de Shane y toda la maldad de Marco. Mis pulmones ardían y la harina, que hace diez minutos era el símbolo de una tarde mágica, ahora me picaba en la piel como si fueran agujas de hielo. Lía estaba sentada sobre la alfombra, rodeada de sus dibujos. Al verme, su pequeña espalda se tensó. Ella conocía ese rostro; era el rostro que yo tenía en nuestra antigua casa. El rostro del terror. —¿Mamá? —preguntó con un hilo de voz, dejando caer el crayón azul—. ¿Viene el hombre malo? Esa pregunta me partió el alma en mil pedazos. Ella no decía "papá", decía "el hombre malo". Me arrojé al suelo y la estreché contra mi pecho con una fuerza que casi me asustó a mí

