– Por... Por favor – intento articular apenas con una voz queda – Paren. Lo primero que hago es tocar el brazo de Kiara, que sostiene su arma a la altura de la yugular de la garganta de Israel, me mira y parpadea. – Por favor. No – le suplico. Gruñe y baja su arma apartándose de Israel, Coab que apuntaba del otro lado también sede, Carin duda, pero deja de apuntarle al corazón, me ve y asiento. Israel me mira incrédulo que haya logrado controlar la situación, aún furioso. Me limpio la cara, solo embarronandome la mugre que no es mía, sino de los restos de escombros de Carin que se adhirieron a mi cuerpo por su efusivo abrazo. Israel me mira a mí y después al grupo que nos da algo de espacio. – ¿Porqué? – murmura, veo cómo se siente dolido – Intento entender que no confíes en tus herma

