Theodore desliza un dedo por su mandíbula, acariciando su piel con lentitud. —Ahora… tú decides en donde quieres saltar sobre mí. Ella le sostuvo la mirada, tomó las esposas de terciopelo que él había traído y, con una sonrisa pícara, las hizo sonar en el aire. —Creo que es hora de ponerte a prueba, Lombardi. Theo arquea una ceja, pero deja que ella guíe el momento. —Las traje para ti. —Lo sé, pero dame tus manos, debes asegurarte, que no me hagan daño. Yo soy la chica aquí y la que manda. Sin dejar de sonreír, él levanta las manos, dejándolas en el aire para que ella las sujetara con las esposas. —¿Segura de que quieres jugar conmigo de esa forma por segunda vez? Thais sonríe, apretando los broches de las esposas alrededor de sus muñecas. —Más de lo que imaginas. El juego apen

