—¿Me lo permites?—continua mientras la cubre con besos por todo el rostro y el cuello. —Si...—murmura tímida. La habitación está envuelta en una calma casi irreal. Afuera, la noche suiza se extiende silenciosa, pero dentro de esas cuatro paredes, el aire vibra con una tensión que Thais puede sentir en cada fibra de su cuerpo. La luz de las lamparas iluminan sus rostros, dibujando sombras suaves sobre sus pieles mientras Theo la mira como si fuera la única mujer en el mundo. —Pero apaga la luz— continúa ella. El se levanta el brazo y apaga el interruptor que controla todas las bombillas de la habitación. Solo la claridad del baño se cuela por la puerta. —¿Feliz?...—la mira casi comiendosela con la mirada. Thais siente que el corazón le late a mil por hora. ¿Cómo alguien puede tener es

