—Hola— saludó al verme cruzar aquella puerta, miré su aspecto; elegante rayando a lo erótico. Ella era uno de mis grandes pecados, la hermana de mi difunta esposa que después de años había conseguido compartir la cama conmigo. —¿Qué quieres?— pregunte serio, al tener contacto con ella también tenía el privilegio de recibir fotos indecentes a cualquier hora. —No me has buscado— reclamo moviendo sus caderas de lado a lado, cerré aquella puerta siendo brusco; era lujuria pura no podía negarlo. —Ya no lo haré, ¿Qué diría tu padre si supiera que... estuviste con el esposo de tu difunta hermana?— pregunte al tomar su mentón, miré su rostro descomponerse en segundos perdiendo toda sensualidad. —Cállate, ambos sabemos que Dana se metió en nuestro camino— d

