—Kian— tenso el hombre me miró más que molesto, había arruinado sus planes. —Sería un honor padre, gracias hermano— —No debes agradecer— pedí más que calmado, el chico lo merecía más que yo o cualquier trabajador competente. [...] Al no tener nada más que hacer en aquella casa tomé mis llaves y abrigo para desaparecer, mis pasos fueron relajados con dirección a la puerta principal del lugar. El frío me golpeó al estar frente al jardín, miré mi auto a unos metros; el recuerdo de Dana me golpeó... había cargado su cuerpo sin vida hasta aquel auto con esperanzas de verla con vida al llegar a cualquier hospital, aquellos paseos tomando su mano los cuales terminaban en sexo en aquel mismo auto. —¿Qué pasa?— miré a

