En segundos tomó todo a su alcance; estallando copas, utensilios, incluso comida al suelo, el estruendo era insoportable, incluso para mí. —No me es necesario— responde a su pregunta, con un gesto alejé aquella copa, era hora de seguir y dictar las reglas, verla seguir arrojando todo a su alcance me hizo suspirar tenso por primera vez en la velada, estaba harto y al borde de un arranque. —Deja de tirar las copas— ordené intentando controlarme, no debía ser alguien explosivo. Pero estaba claro que ella no lo entendería. —¡Si arrogas otra cosa más será peor!— Exclame en un tono tan alto como para dejarla en silencio por algunos segundos. —¡¿Qué me harás?!— estallo para seguir con lo suyo, dejando el lugar en un desastre horrible, dejando más trabajo a las personas encargadas del se

