—Alyssa, han pasado seis días, ¿no te vas a detener?— murmuré al verla llorar como si el mundo se acabara, tal vez la tenía ante su voluntad, pero sin ninguna dificultad; no tenía que vivir en una pocilga, dormía en una buena cama y con comida decente. No estaba en peligro de ningún tipo, solo era cuestión de tiempo para que su familia la tomara en sus brazos. —Debe ser cansado gritar y llorar cada día— pensé en voz alta, la mujer se dejó caer en aquella alfombra. —Además este lugar no es tan malo, tienes metros extensos— solté. —Me tienes prisionera y aún no sé quién demonios eres— sollozó causándome dolor de cabeza, cerré los ojos con presión. —¡¿Quién eres?!— exigió saber, era justo... yo tenía conocimientos de su vida en cambio ella no los tenía de mí. —Tengo una familia, am

