—Solo estaba comprobando las buenas vistas que hay desde aquí —respiro aire sonoramente mirando el paisaje que hay delante de mis ojos, no porque me interese, sino porque si miro hacia mi izquierda voy a ver la cara enfadada de mi padre y de Kiara—. Deberíamos poner un pequeño balcón para que la gente lo disfrute y no se tenga que subir a los andamios como yo.
—Víctor, hijo, no quiero sonar borde y hacerte creer algo que no es, pero… ¿Eres idiota?
—Con todo su respeto señor Martínez, yo le puedo responder —giro mi cabeza para contemplar a Kiara mientras habla, pero ella lo hace aún sin observarme—. Sí, es idiota.
—No hace falta insultar, ¿qué hay de malo es estar aquí?
—Pues que te puedes tropezar y caer, además de que has dejado la marca de tu silueta en la pared y ahora tienes toda la parte de atrás pintada de n***o —me informa mi padre señalando a la pared que no tenía la pintura seca.
—Oh —miro la parte de atrás de mis brazos, viendo que está de un color oscuro—. Mira, soy el hombre de n***o.
—Madre mía —Kiara rueda los ojos y se aleja de la ventana.
—¿Nos estabas espiando? —cuestiona mi padre sin creerse mi explicación sobre las maravillosas vistas que hay desde este ángulo de la pared.
—Para nada —miento.
—¡Tío! ¿¡Ya les puedes escuchar!? —cierro los ojos y maldigo a mi puto amigo por haber pegado ese grito justo ahora.
—¡Cierra la puta boca, me acaban de pillar por tu culpa! —le grito de vuelta.
—No Víctor, ya te habíamos pillado antes de que Álex hablase —mi padre emite un suspiro de esos que se interpretan como que tiene un hijo gilipollas y abre las dos partes de la ventana para que entre al despacho—. Pasa anda, que te vas a acabar cayendo.
Entro agarrándome a los barrotes del andamio y a extremo de la ventana, pego un salto y me alivio a poder pisar algo que no se tambalee cuando hay un poco de viento. Me fijo de nuevo en la chica que hay cerca de nosotros, la cual sujeta su bolso y mira su móvil, ignorándome. Ya me cansé, esto es comportamiento de niños de 7 años y os aseguro que no me va a ganar en esto.
—Si me miras no va a pasar nada, ¿sabes? —me atrevo a preguntarla directamente, obviando por completo que mi padre nos escucha.
—Señor Martínez, yo ya le dije todo lo que tenía que decirle —se dirige a mi padre—. Con su permiso, me voy.
—Ehh… De acuerdo, tengo que preparar tu documento de renuncia y una carta de recomendación, así que puedes volver mañana para formalizar todo.
—Claro, hasta mañana.
—No, no te vas —la sujeto del brazo para que no coja el turbo caminando rápido y no me dé tiempo alcanzarla—. Papá, no puedes permitir que se vaya a la competencia.
—Suéltame, te dije que no me volvieses a tocar en tu vida —me habla a mí, pero mira hacia la puerta.
—¡Que me mires! ¡Estás hablando conmigo, no con un trozo de madera!
—Prefiero mirar la madera, ella no me pone histérica.
—Estás actuando como una cría.
—Dijo el que se ha subido a un andamio para espiar.
—Pues mira, gracias a eso he descubierto que quieres trabajar con el imbécil de tu ex en vez de con tu novio.
—¿Novio? —cuestiona mi padre en sorpresa, pero es se convierte en secundario cuando consigo que Kiara me observe por fin.
—No eres mi novio, ni se te ocurra poner esa palabra junto a un nombre en una frase que tenga que ver conmigo.
—Pues antes de ayer en la playa no decías lo mismo.
—¿Cómo? —vuelve a preguntar mi padre con mucho desconcierto.
—No le haga caso, le está rebotando la única neurona que tiene por haber estado tanto tiempo suspendido en un andamio.
—Kiara, tenemos que hablar —vuelvo a insistir y procurando no caer en su juego de provocaciones, si caigo, no terminaremos esta discusión de la mejor manera.
—Ya te dije que no, déjame —mueve fuerte su brazo para que suelte mi agarre y abre aceleradamente la puerta del despacho, haciendo que Álex y Celia caigan al suelo por haber estado apoyados en la puerta escuchando nuestra conversación—. Chicos, aunque yo me vaya, voy a seguir teniendo contacto con vosotros —les pone voz de niña buena y sonríe, ruedo los ojos—. Es con el retrasado de vuestro amigo con el que no quiero tener nada que ver.
—Oh ahí te equivocas, nena —voy hacia ella lo más rápido que puedo, la sujeto de la cintura y pongo su cuerpo sobre mi hombro para llevarla hacia mi despacho—. Mi chica y yo tenemos que tener una conversación a solas, si escucháis gritos, no entréis —les informo a mis dos amigos y mi padre, me quedo contemplando la expresión de este último—. Te juro que te contaré todo papá, pero ahora necesito solucionar varias cosas con esta loca.
—Eso espero hijo, porque estoy alucinando con todo —le hago un gesto de que no se preocupe y me alejo de ellos sujetándola bien para que no se me caiga al suelo por la cantidad de aspavientos que está haciendo con su cuerpo.
—¡Víctor, bájame! —Kiara grita y maldice sin cortarse un pelo, prefiero omitir algunas palabras por si tenemos espectadores sensibles.
—Enseguida, en cuanto llegue a mi estupendo despacho —hablo con tranquilidad mientras camino por los pasillos, a merced de todas las personas que se nos quedan viendo al ver una escena tan particular—. Qué buen culo has tenido siempre —se le golpeo al tenerle a buen alcance, esto sé que la va a cabrear más, pero no he podido evitarlo.
—Te juro que cuando me pueda ir de aquí te voy a denunciar y a poner una orden de alejamiento —habla con rabia cuando la tiro contra el sofá de mi despacho y cierro este con llave.
—Si no puedes vivir sin mí —me siento bastante asustado por las miradas que me está lanzando, esta es capaz de lanzarme la lámpara que tiene al lado.
—Déjame irme, en media hora tengo una reunión que me ha conseguido Nick con su jefe.
Se queda aquí hasta la tarde.
—Eso es justo lo que necesitaba saber para terminar de convencerme.
—¿Convencerte de qué?
—De hacer esto —levanto la mano que sujeta la llave con la que he cerrado la puerta—. ¿La quieres? —bajo mi mano hacia el comiendo de mi pantalón y me la meto en mi entrepierna— Cógela.