—¡Víctor, te dije que no subieses por la parte de delante del tobogán! —escucho los gritos de Kiara detrás de mí, pero yo paso de ella y sigo subiendo por donde se supone que nos tenemos que deslizar tobogán abajo. —Ya casi llego, espera. —¡No espero nada, te vas a caer! —Que no, yo controlo. —Si te has caído hace cinco minutos —es curioso cómo los golpes van doliendo más a medida que creces. La caída que he tenido antes casi me deja tonto por el daño que me he hecho en la cabeza y cuando era pequeño y me pasaba exactamente lo mismo ni siquiera lo notaba. Al final es cierto eso de que los niños son de goma, claro, querrán compensar porque cuando se hacen, no se utilizan las gomas. ¿Lo pilláis? —Es que estas playeras resbalan, pero ahora me estoy agarrando bien. —Vito, te hache pupu,

