Katrina ¡Dios mío! ¿Cómo podía un hombre ser tan…perfecto? Realmente parecía un maniquí que había cobrado vida, una escultura tallada a mano por los mismísimos ángeles. No puede evitar quedarme mirando, literalmente, con la boca abierta, la mujer que iba de su mano, era hermosa, seguramente modelo o actriz, un cuerpo perfecto, alta y con los zapatos de tacón apenas le llegaba a él a la barbilla, era muy alto, ella iba vestida con un hermoso vestido rojo, muy pegado al cuerpo, que permitía ver lo perfectamente delineado que lo tenía y unos zapatos de tacón color plata, bordados con delicada pedrería. Cuando pasaron junto a mí, él me miró por un segundo nuestros ojos se cruzaron, fue tan evidente que la mujer que lo acompañaba, se giró a mirarme y me recorrió con la mirada, desde los pies

