Mihai Pedí a uno de mis empleados que trajera una mujer a casa mientras Katrina dormía, necesitaba saciar mi sed, estar con ella sin alimentarme, me estaba volviendo loco, sentía que en cualquier momento iba a cometer una estupidez, Katrina no solo me excitaba sexualmente, el olor de su cuerpo y el palpitar de su sangre me causaban una especie de euforia, y de ansiedad. La mujer estaba en la cocina, entré y me alimenté lo suficiente, pero sin sobre pasar el límite para que pudiera salir caminando, mi empleado se la llevó y escuché la voz de Katrina detrás de mí, estuvo a punto de sorprenderme, afortunadamente no vio nada que me pudiera comprometer. —¿Quién es esa mujer? —Preguntó, cuando el chofer y mi cena salían de la casa, la miré desconcertado, el tono en su voz parecía un reclamo,

