Solo terminé de decir lo que es cierto y al señor no le falto mucho para que me gritara y que le dijera de una vez por todas que es lo que está sucediendo con su hija… Sus palabras desesperadas no dejaban que le contestara, ya que sus preguntas venían de una sobre otra. Sin querer le grité, ya que estaba al borde volverme loco al escuchar los llantos de la rubia y las preguntas inesperadas del señor. Sin rodeos le dije que todo tiene nombre y apellido y es la cara de mierda que la dejo plantada en el altar. No medí mis palabras, todo lo dije a como lo estoy pensando y sintiendo. —Infeliz. ¿Dónde está para ponerlo en su lugar? Comprendo que el señor esté furioso y a la vez preocupado por su hija, pero ahora no sirve nada la agresividad, lo que necesita la rubia es que alguien este a su

