Edmon. Alejándonos de los padres tóxicos me llevo a la rubia al balcón, ya que ella quiere hablar un momento conmigo. Ella se pone cómoda en el sofá de madera que esta justamente en el balcón, y me dice que la acompañe, ya que no verá como me quedo de pie viéndola. No puedo evitar dejar de verla porque me parece mágica su recuperación y sin querer mis pensamientos me torturan al sentir que todo lo que ella dice sea una mentira. Quién me asegura que no se pondrá mal cuando vuelva a ver a ese imbécil de mierda. Ella suelta un fuerte suspiro, desvía su mirada hacia el cielo estrellado para luego decirme que se siente muy apenada por todo y principalmente por tantas molestias, ya que no me correspondía cuidar de ella. Increíblemente, dice que no comprende aún por qué su padre la ha dejado

