Me inclino hacia su bóxer de Calvin Klein, con el fin de bajarlos por completo, hasta ver su enorme... pene... ¡Por Dios! Mis ojos se abren y mi boca se seca. Él sonríe, mueve sus hombros y mete sus dedos en mi recatado cabello rubio. Ah, no tengo culpa de asustarme cada vez que veo ese animal. Lentamente, llevo mis manos a su nalga y la empujo suavemente hacia mí, de modo que estaba a solo milímetro de su pene. Agarré su falo y sutilmente empecé a besar la cabeza. —Aaahhh—gimió. Introduce sus dedos en mi pelo con mucha fuerza, se tambaleaba. Lo acaricie suavemente con la lengua y los labios hasta que se puso duro e hinchado. Abrí la boca y absorbí todo lo largo que pude sentir de cada pulgada de ella. Me movía de un lado a otro, jugaba, besaba y besaba hasta que sentía su líquido

