Luego de acomodar el librero en su lugar salimos de la biblioteca, me dirigí al jardín, ese lugar que siempre me ayuda a superar mis tribulaciones. Aún sentía algo extraño en mi cuerpo, habia tanto de mí que no sabía, que nunca se me permitió saber. Al llegar al jardín me encontré nuevamente con Carmela, quien se encontraba sentada debajo de un árbol con un libro entre sus manos, es bastante usual en ella, el tiempo se le va leyendo cualquier cosa. Me senté a su lado, no me tomé la molestia de saludarla, para mi suerte Carmela era un lugar seguro donde podía olvidar todo por un momento, incluso las formalidades. -Parece que has descubierto algo que va más allá de tu entendimiento - comentó ella sin dejar de mirar las páginas que capturaban su atención. -No existe nada que esté fuera de m

