Me recosté un rato, el ambiente era tan tranquilo que no pude evitar dormirme de manera inmediata. Al despertar me sentía pérdida, cansada, miré por la ventana y pude notar que ya era de noche. Salí de la habitación y bajé las escaleras con cuidado, no era mi intención molestar a nadie. -Buenas noches - escuché una voz masculina desde la parte inferior de las escaleras. -Buenas noches, rey Belmont. Lamento mucho haberme infiltrado en su hogar - contesté al instante en que pude percatarme de que era el padre de Dante quien me hablaba. -No te has infiltrado, mi hijo te ha otorgado el permiso para andar libremente por el castillo y yo respeto su decisión. -No deseo ser una molestia – respondí tratando de no ser grosera. -No lo eres, ya le faltaba a esta casa un poco de esencia femenina

