—¿Cuándo podremos volver al salón? —pregunté de pronto. Realmente quería alejarme de todo este ambiente ridículamente tenso, pero no quería dejar sola a Audrey. Y, bueno, ella era la única persona con la que trabajaba. —Yo creo que mañana podré ir —respondió suavemente. La miré girando levemente mi cabeza y le sonreí. Era tan tranquilizante estar así con ella, simplemente hablando tumbados sobre la cama. Siempre sentía una conexión tan extraña con ella, donde fuera, cuando fuera. Con ella siempre era todo especial. —Te lo cobraré —advertí. —No hay problema, jefe —respondió fingiendo seriedad. Hum, jefe no era precisamente la palabra que me gustaría oír de ella, pero me divertía su actitud. Siempre me divertía. —Tonta —dije riendo y aprovechando de abrazarla—. No me digas jefe, es algo

