—Señor Ferrara, ¿por qué no se unió a nosotros? —inquiere el hombre con un dejo de burla en su voz. —Señor Lundberg, como bien sabe Alina y yo solo somos socios, por lo que nuestros negocios son diferentes a los temas que deba tratar con usted —ella me mira un tanto sorprendida por la forma tan hosca en que le respondo y después desvía su mirada sin agregar nada a nuestra conversación. Llegamos a nuestro piso y permito que ella salga antes que yo, dejando dentro a este hombre que ya se ha despedido de ella. —¿Está todo bien Dominique? —Claro, ¿por qué estaría algo mal? —le doy una rápida mirada antes de entrar a mi habitación y cerrar de un portazo. Los siguientes tres días seguimos en el hotel en espera de que el clima mejore lo suficiente para poder regresar, después de lo ocurrido

