Hace una semana que Rania y yo nos casamos. La estoy vigilando muy de cerca. Todos sus pasos están cubiertos. Se reúne con su hermano en una cafetería local ubicada en las afueras, es una zona poco concurrida. Suele firmar varios papeles en cada reunión. Su hermano los lleva a una oficina de abogados para la legalización, pero no han podido. Javier ha interceptado cada intento haciendo que les pongan trabas, a la par hemos congelado sus cuentas. No tiene idea de mi participación en ello. Está tan ocupada presumiendo su nuevo apellido que no se da cuenta de otra cosa que no sea su apariencia. Hoy la hice venir a la oficina y no precisamente en calidad de esposa. -Lorenzo, quiero saber ¿Por qué quieres que trabaje aquí? - lo dice con cara de angustia. - ¿Te molesta? - ¡Sí!, digo no, pero

