47 | Sin gentileza El sol se había ocultado por completo y la villa estaba envuelta en una suave penumbra. Kath caminó por el salón principal, detallando con la mirada cada aspecto del lugar; era amplio y lujoso, con techos altos, vigas de madera expuestas y grandes ventanales con vista panorámica al paisaje. Acarició el respaldo suave del sofá de cuero mientras sus zapatos altos se deslizaban por la alfombra persa, que hacía el lugar visiblemente más atractivo y le daba cierta comodidad acogedora. Sus pasos se detuvieron cuando escuchó la puerta abrirse; Michele había regresado y pronto se dirigió a donde ella se encontraba. —¿Cómo te sientes? —preguntó él; su tono era más suave de lo habitual. Kath levantó la vista, encontrando sus ojos. —Cansada —admitió—. Pero estoy bien. Solo

