—Nani, Úrsula, no duden en encerrarme en la habitación para que no vuelva a comer así. Me niego a que le pase algo a mis hijos. Ellos tres se ríen de lo que digo y de las expresiones que hago. Al llegar a casa, tanto Nani como Úrsula se negaron a dejarme comer más de lo debido y siguieron las indicaciones del doctor de manera estricta. Hoy habíamos decidido ir al centro comercial para comprar algunas cosas para mis hijos y para mí. El señor Huber ha corrido por todos mis gastos, supuse que lo hacía porque conoció a mi madre. Es una lástima que aún no pudiéramos tener esa charla, pero él no parecía estar listo para tenerla y yo no quise hostigarlo para qué hablará y menos cuando me está ayudando más de lo que otra persona haría por mí. —¿Qué opina de este vestido, señorita Isabella? —Me

